La tan discutida reforma fiscal impulsada por el actual incumbente del gobierno dominicano, Lic. Luis Rodolfo Abinader Corona, se ha encontrado con una gigantesca voz de rechazo de la clase alta, media, medio baja y del alienado, humilde y trabajador dominicano, sin dejar de reconocer que gran parte de los economistas reconocen y están de acuerdo en que existe la necesidad hacer una reforma fiscal para actualizar y enfocar de forma justa y equilibrada el presupuesto anual de la nación. Cada año se escucha con mucha frecuencia la frase ¨déficit cuasi fiscal¨, atribuida esta (al monto de las pérdidas operacionales del Banco Central, que deben ser cubiertas por el Estado), llegando este débito a sumas cuantiosas, provocando mayores niveles de complejidad para balancear las cuentas del estado y poder solventar y cubrir necesidades perentorias de los sectores más humildes de la sociedad.
La salida más cómoda y expedita de los gobiernos en los últimos 40 años, ha sido el tomar prestado grandes sumas de dinero para cubrir los déficits, no obstante, saber del malestar que generan esos endeudamientos a la nación y la inflación que producen de forma automática en el intercambio de bienes y servicios, además de empobrecer y disminuir el valor del peso ante el dólar y el euro, condenando gran parte de la población a vivir bajo precarias oportunidades de desarrollo. Esta acción genera un desequilibrio en la balanza de pago y conduce a renegociar deudas impagables con organismos que solo les importa un fin pecuniario, dejando atrás otros valores humanos, los cuales para ellos no entran en el juego, sino su inversión.
La imposibilidad de recuperar la economía, conlleva a lo que hoy experimentamos los dominicanos, un país sin una verdadera planificación estratégica, donde se adolece de un adecuado desarrollo de los sectores más sensibles, sin tener que convertirse en protector, usando dadivas insignificantes para la población pobre, lo que lejos de sacarlo de la miseria, les hunde más. Un país millonadas en promoverse así mismo, que no estimula el crecimiento de una economía sana, que no invierte en el desarrollo de infraestructuras y proyectos que garanticen mayor cantidad de mano de obra cualificada para lograr rentabilizar un retorno a mediano y largo plazo, que no invierte lo suficiente en salud, en alta tecnología y que no preserva sus recursos naturales, aun vendiendo espejito por oro, como fue el caso de la Barrick Gold y el contrato en el gobierno de Leonel Fernández (97% de beneficios para la firma explotadora y 3% para el estado dominicano). Un país lleno de sol, el cual no usa ese recurso para producir energía limpia, pero en vez subsidia una energía cara, mal distribuida y con un historial de perdida alarmante. Un país que ha perdido la capacidad enfrentar cuotas de préstamos a corto y mediano plazo, ya que los gastos superan los ingresos, condenándonos a tener que vivir asfixiado en cuantiosas deudas. En pocas palabras, hipotecando la nación.
Crece la población y crece la demanda de servicios en sectores planificados y no planificados por el estado, en los cuales, a veces se llega tener que recurrir a métodos obsoletos y anarquistas para lograr ciertas reivindicaciones en infraestructuras y obras que son necesarias para el desarrollo de estos marginados. En ellos, podemos encontrar personajes que viven del chantaje, la manipulación, el terror social, la anarquía y la doble moral. Por varias razones ellos se han desacreditado ante la población y créanme que no son populares, porque en recurrentes contiendas electorales, han demostrado no tener arrastre social en las diferentes posiciones que han aspirado, arrojando resultados vergonzosos, en términos de votos.
La mirada está puesta en el presente gobierno por estar dispuesto asumir un costo político, el cual le llevará a la historia como uno de los gobernantes que más afecto a la clase obrera, y dará paso a una oposición que ríe detrás del telón, frotándose las manos esperando el 2028.
Se hace cuesta arriba pensar que los planes sociales del estado, los cuales surgieron como forma de alienar y callar a los más humildes desde los tiempos de Balaguer, donde se distribuían funditas y canastas, con Hipólito Mejía, Leonel y Danilo, surge ¨Comer es Primero y Solidaridad, y con Abinader, Quedate en Casa y Fase en tiempos de pandemia, así como el actual Superate¨. Todos estos programas han sido caramelos para endulzar el amargo paladar de los más pobres, aunque hay políticos y allegados que disfrutan de esas migajas que proporciona el estado. Decir que la sorprendente suma de 1,650 pesos contribuirá a paliar el hambre de estos beneficiarios, es mentirle a la patria.
Con la actual reforma que se está impulsando, solo se lograra remediar en parte algunos ajustes que, de manera temporal podría facilitarle al estado el no seguir endeudándose de forma permanente con organismos nacionales y extranjeros y que sin tener acceso a este crédito sería imposible cuadrar las cuentas del país y poder suplir en parte los presupuestos de las diferentes carteras del estado.
Las casi 15 reformas que han hecho los gobiernos en los últimos 40 años, han tenido objetivo principal aumentar las recaudaciones para solucionar los déficits fiscales, encareciendo el costo de la vida de los dominicanos. La incorrecta realización, la incapacidad de los diferentes gobiernos han propiciado crisis mayúsculas como la del 1984, donde el gobierno del extinto Salvador Jorge Blanco, tras la firma con el Fondo Monetario Internacional, generó un estallido social justo después de la Semana Santa, cuando sábado y domingo los productos aumentaron en un 500 % de su precio original, según recogen los medios. Esta situación costo mas de 100 vidas al país.
Según los economistas, desde el año 2012, se ha debido realizar una profunda reforma fiscal para generar las riquezas que demanda y merece el país, sin embargo, han preferido seguir la fiesta del endeudamiento a costa de empeñar la nación.
Ahora nos tocar enfrentar la realidad de saber que la nación no puede seguir por el camino del endeudamiento y que además se debe corregir el gasto innecesario en todos estamentos del estado: llámese en publicidad, viáticos, gastos de representación, barrilito, cofrecito, alteraciones en los costos de adquisición de servicios, exoneraciones, subvenciones a sectores pudientes que pueden costear sus servicios, las compras amañadas, y justificación de presupuestos falsos, entre otros.
El pueblo esta cansado de lo mismo y de que unos aprovechados políticos, sin distinguir los colores de partidos, sean los que engorden y acumulen patrimonios injustificados, dejando atrás una estela de calamidades en la clase más humilde en términos económicos y de oportunidades.
Como señalara al inicio de esta reflexión, ¿será esta reforma una forma de colocar un parche a una hemorragia que ya aguanta más cirugía? Los economistas coinciden en que, si no se realiza esta reforma, lo que nos espera en un corto plazo será devastador para la salud económica del Rep. Dom., por lo tanto, lejos de politizar mas el tema, estimulo a los grandes pensadores del mundo económico a que sugieran la forma en que menos pueda afectar a la clase pobre del país, dejando sin impuestos a varios de los señalados productos de la canasta familiar que podrían estar siendo gravados en la reforma. Cuando se juega con el estomago de aquellos que no tienen un pedazo de pan, se arriesga el rico a perderlo todo en cualquier momento. El país debe velar por la preservación y el blindaje, en términos de impuestos a la producción nacional para que el ciudadano desposeído, al menos asegure la alimentación de su familia.











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