La hipoacusia, también conocida como pérdida o déficit auditivos, es descrita como la deficiencia sensorial más frecuente y una de las discapacidades más comunes en la infancia, lo que implica tener problemas de audición. Esta condición varía en tipo según la localización de la lesión (de transmisión, sensorial o neurosensorial, mixta, neural o neuropatía, y central), y en grado (leve, moderada, severa, profunda) definido por umbrales de audición medidos en decibelios. La hipoacusia puede afectar uno o ambos oídos (unilateral o bilateral) y presentarse desde el nacimiento (congénita) o desarrollarse más tarde (tardía, progresiva, sobrevenida). Dependiendo de su severidad, puede manifestarse como alguna dificultad de comprensión en ambiente ruidoso y requerir el uso de prótesis auditivas, implantes cocleares, lectura labial o lengua de signos, con las entradas visuales siendo preferentes en casos de pérdida profunda. Además de su impacto en el desarrollo del lenguaje, la hipoacusia puede estar asociada con otras discapacidades como afectación cognitiva o trastornos vestibulares que afectan el equilibrio y desarrollo motor.
Para crear una escuela verdaderamente inclusiva para el alumnado con hipoacusia, independientemente del tipo y grado de pérdida auditiva, es esencial considerar una serie de aspectos clave que faciliten su acceso a la información y su participación plena en el entorno educativo. Estos aspectos trascienden la mera presencia física y requieren una planificación y coordinación integral.
Uno de los pilares es la accesibilidad auditiva tanto en el colegio como, de manera crítica, en el aula. El entorno escolar, a menudo ruidoso, con distancia y reverberación, puede agravar las dificultades de escucha para los niños con hipoacusia. Es crucial mejorar la relación señal/ruido. Esto se logra, en parte, con recursos materiales acústicos.
Complementando los recursos acústicos, los recursos visuales también son importantes. Aunque se priorice el desarrollo auditivo-verbal, la lectura labial puede ser un apoyo en hipoacusias severas. Para hipoacusias profundas, las entradas visuales son preferentes en la comunicación. La escuela debe considerar estos apoyos. El empleo de Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAACs) es parte de un enfoque inclusivo, reconociendo que algunos individuos, especialmente con hipoacusia severa, utilizan la lengua de signos.
Una estrecha colaboración con las familias es indispensable. La familia es el principal agente de desarrollo del niño y su participación en el proceso de intervención/habilitación es necesaria. Las familias a menudo enfrentan dificultades al asumir la noticia del diagnóstico y la falta de información. La forma y el entorno en que se transmite esta información son relevantes, requiriendo profesionales con actitud de escucha, imparcialidad, objetividad, claridad y accesibilidad. Es fundamental que cuenten con equipos estables de profesionales especializados. Las observaciones de los padres sobre dificultades de audición son un síntoma clave a tener en cuenta para detectar problemas que afectan en el aula.
Finalmente, la colaboración con otros profesionales es la base de una intervención multidisciplinar. Un equipo encargado del cuidado y seguimiento, que incluya ORL, pediatras, audioprotesistas, trabajadores sociales, logopedas y maestros, debe mantener una interrelación coordinada. El pediatra de Atención Primaria juega un papel fundamental en esta coordinación y seguimiento. Es necesaria una planificación de recursos y servicios coordinada dentro de un equipo interdisciplinario, contando con la participación de Salud Pública, la Administración Educativa y Servicios Sociales. La figura de un coordinador en el equipo interdisciplinario es necesaria en todos los niveles.
La finalidad de abordar estos aspectos es facilitar la integración educativa del alumnado con pérdida auditiva, permitiendo que alcancen un desarrollo global y comunicativo comparable al de sus pares oyentes y adquieran las habilidades cognitivas y lingüísticas necesarias para la escolaridad. Un diagnóstico precoz, la adaptación protésica temprana y la intervención logopédica especializada son determinantes. Es relevante considerar, además, que una parte significativa de estos niños puede presentar una discapacidad adicional, principalmente cognitiva, o trastornos vestibulares que afectan el equilibrio y desarrollo motor, impactando indirectamente en el aprendizaje y desarrollo psicosocial.
Referencias
- Benito Orejas, J. I., & Silva Rico, J. C. (2017). Hipoacusia. Identificación e intervención precoz. Pediatr Integral, XXI(6), 418–428.
- Núñez-Batalla, F., Jáudenes-Casaubón, C., Sequí-Canet, J. M., Vivanco-Allende, A., Zubicaray-Ugartechea, J., & Olleta Lascarro, I. (2020). Programas de cribado de la hipoacusia congénita en 2020: recomendaciones CODEPEH. Acta Otorrinolaringol Esp, 71(6), 377-388.











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