Leer este título resultaría algo jocoso, aunque no significa de manera literal lo que refleja o se estaría pensando. Sin embargo, cobra sentido cuando aprendemos que el sistema digestivo es un órgano de suma importancia en la función del desarrollo de ciertos neurotransmisores. Se estima que el 90% de la serotonina del cuerpo se produce en el tracto gastrointestinal y aunque esta serotonina no atraviesa la barrera hematoencefálica para llegar al cerebro, si regula funciones importantes locales.
Estudios demuestran que las células enteroendocrinas del tracto gastrointestinal regulan la motilidad, la secreción y la sensibilidad visceral. Este sistema, sin embargo, no solo produce serotonina, pero, además, dopamina, esencial para mantener el equilibrio emocional y la felicidad, así como el ácido gamma-aminobutírico, conocido como (GABA), esencial para promover el placer, la motivación y la regulación.
Y es que los intestinos poseen una gran comunidad de microorganismos denominados el Microbioma o Microbiota intestinal, el cual genera un impacto profundo en el estado emocional y cognitivo del ser humano. Un desequilibrio o disbiosis podría presentar cambios importantes en el estado psicológico del individuo, los cuales podrían manifestarse en ansiedad, depresión, estrés y hasta enfermedades neurodegenerativas.
Se ha observado que la microbiota intestinal produce metabolitos (por ejemplo, ácidos grasos de cadena corta) e influenciar en las vías inmunológicas y neuroendocrinas que pueden alterar la comunicación intestinocerebro y, por ende, la interocepción digestiva. (Lerner, Neidhöfer & Matthias, 2017).
Es vital mantener un sistema digestivo sano para proteger lo que muchos han denominado como el segundo cerebro del ser humano. En tal sentido, aquí no solo se regulan funciones digestivas y hepáticas, sino que, mediante el referido nervio vago, se puede decir que tanto el cerebro como los intestinos mantienen una vía comunicacional abierta, promoviendo una interoceptividad entre ambos órganos.
Cuando el sistema digestivo está inflamado, mal nutrido o afectado por alcohol, drogas u otras sustancias, se presenta una desregularización en varios aspectos. De tal manera que se tiende a una mayor reactividad emocional, es decir Enojo, Tristeza y Ansiedad, menor claridad mental para tomar decisiones acertadas y racionales, fatiga mental, y falta de motivación. En general un gran desequilibrio emocional.
Esto implica que una persona con ciertas enfermedades hepáticas, quizás no logre pensar con una adecuada claridad, no consiga una correcta concentración, así como vea afectada o ralentizada la toma acertada de decisiones antes situaciones importantes del diario vivir.
Maripositas en el estómago:
A veces escuchamos a personas decir que sienten maripositas en el estómago cuando están enamorados. El cerebro de forma inteligente reduce la actividad amigdalar y da rienda suelta a la ínsula para que esta permita una interacción psicofísica con la persona amada. La corteza prefrontal medial evalúa la toma de decisión para participar en la relación amorosa. Finalmente, los núcleos caudado y accumbens elevan el nivel de recompensa para realizar el enganche.
El cerebro es un órgano que está preparado para auto protegerse de cualquier ataque y responder de forma exclusiva cuando se ve amenazado. Le cubre una importante membrana denominada barrera hematoencefálica. Pues, esta capa cubre de forma natural todo el perímetro que da acceso al cerebro. En todo caso, estamos ante una maravilla del cuerpo humano, que a través de los sistemas de aferencia y eferencia permite dar y recibir las estimulaciones y comunicación con el resto del controlado cuerpo.
Quizás esta barrera sea la causante de que no todo tipo de sustancia incluyendo algunos psicofármacos lleguen al cerebro con facilidad, lo que constituye un gran reto para los desarrolladores de psicofármacos a nivel mundial.
La interoceptividad se define como la capacidad del sistema nervioso de percibir, integrar e interpretar señales procedentes del interior del cuerpo humano, incluyendo órganos viscerales, sistema cardiovascular y digestivo. Estas señales interoceptivas implican regiones como la ínsula, la corteza cingulada anterior y el tálamo, que integran señales viscerales con emociones, motivación y cognición.
El aparato digestivo no solo realiza funciones metabólicas, sino que también participa activamente en la señalización del sistema nervioso, constituyendo así un elemento central del eje intestinocerebro. Otras implicaciones podrían vincular la regulación del apetito, la emoción, la ansiedad, y los trastornos funcionales del tracto gastrointestinal.
Con el presente artículo no pretendemos ilustrar el proceso científico de lo que ocurre cuando estas funciones son activadas entre ambos órganos, sino más bien hacer que el lector conozca la estrecha relación que existe entre el cerebro y el aparato digestivo, en procura de que cuanto más cuidemos uno y el otro, mejor funcionabilidad tendremos a nivel cognitivo y hepáticamente hablando.
Cuando los psicólogos realizan una anamnesis a cualquier paciente, toca explorar la salud física y con ello realizar un cuadro exploratorio del paciente para garantizar detalles importantes de lo que podría ser un detonante para la salud psíquica. Esto se sugiere antes de evaluar ciertos criterios psico-clínicos que conduzcan a la real fuente o génesis de la causa que ha traído al paciente a consulta.
El tracto gastrointestinal, lejos de ser un mero procesador de alimentos, actúa como órgano sensor que informa al cerebro sobre su estado interno y participa activamente en la regulación corporal y emocional.
En conclusión, comprender esta comunicación amplía nuestras posibilidades terapéuticas y nos obliga a considerar la digestión, la microbiota y la señalización visceral como elementos clave en la salud mental y física. A medida que la investigación avance, será posible desarrollar intervenciones más específicas que modulen la interocepción digestiva y fortalezcan la conexión cerebro–intestino en beneficio de la salud integral de la gente.
Referencias consultadas.
- Dr. Pedro Comprés, psiquiatra. Centro Clínico Serenidad.
- Dr. Teomártago Vargas, Gastroenterólogo. Siglo XXI.
- Krieger, J.P., Asker, M., van der Velden, P. et al. “Neural Pathway for Gut Feelings: Vagal Interoceptive Feedback From the Gastrointestinal Tract Is a Critical Modulator of Anxietylike Behavior.” Biological Psychiatry, Vol. 92, Issue 9 (2022). Penn State+1
- Büttiker, P., Weissenberger, S., Ptacek, R., Stefano, G.B. “Interoception, Trait Anxiety, and the Gut Microbiome: A Cognitive and Physiological Model.” Medical.











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