El “casi siempre” no existe, pero casi siempre he sido un abanderado de las estadísticas. Y hay una parte del país que no aparece en esos números. No tiene vacaciones pagadas, ni seguro médico privado, ni sabe lo que es un depósito de nómina. Es la gente que vive del día a día, los llamados hecha días o jornaleros, o como algunos se autodenominan: jociadores.
Trabajan, cobran y comen cuando hay trabajo.
Y cuando no lo hay… bueno, ese día toca el fiao.
Mientras tanto, hay otro grupo: los empleados fijos. Gente que, aunque haya tormenta, huelga o día feriado, igual recibe su salario a fin de mes o quincena. No es que lo tengan fácil, pero tienen una base. Una seguridad mínima. En cambio, el jornalero vive con la cabeza en sobresalto y llena de preocupaciones.
Para él, una lluvia no es solo agua; es una amenaza a su bolsillo y un atentado contra el sustento de su familia.
Un feriado no es descanso; es un día lleno de retos de supervivencia.
Y una enfermedad no es solo dolor; es deuda.
A este común suceso se me antoja llamarle “la economía del día claro”. Porque solo cuando el cielo está despejado hay comida segura en la mesa. El problema es que en este país el cielo cambia de ánimo como cambian las mujeres de pantis, y cualquier huelga de 24 horas se convierte en 48.
Considerando esto, quiero detenerme y hacerte una invitación a reflexionar sobre el asunto. Porque, si algo debemos entender como sociedad, es que vivir del día no debe ser algo con lo que nos acomodemos. El trabajo digno también incluye estabilidad, educación financiera y visión de futuro.
No se trata de satanizar ningún oficio, por más humilde que pueda parecer, sino de enseñar a planificar sabiamente. Porque los jociadores no suelen tener una cuenta de ahorro, y algunos que la tienen, no ahorran.
Deja que te mencione las ayudas sociales: Súperate, Bono Luz, Bono Gas, Seguro SENASA y otras que buscan aliviar la carga de la clase más humilde. Últimamente muchos meditan en esto: la clase media —esa que dicen “no califica para nada”— está cada vez más cerca del límite. Ni pobres reconocidos ni ricos funcionales. Pagan impuestos, cubren su salud privada, sostienen la economía… y aun así, viven sin poder avanzar.
Hace días meditaba y llegué a la conclusión de que en mi país la clase media no existe; solo hay pobres con crédito y facturas al día.
Por eso este mensaje va especialmente a los hecha días: guarden el peso de la vergüenza.
Ese viejo dicho no se hizo para los ricos. Se hizo para quien sabe que un día sin trabajo puede ser más largo que una semana completa.
Aprendan a ahorrar aunque sea poco. Guarden algo, aunque sea simbólico. Háganlo por dignidad. Porque cuando llegue el día en que el cuerpo o la tormenta digan “hoy no se trabaja”, ese peso guardado puede evitar la vergüenza del fiao y, más aún, te permitirá mirar a tus hijos a la cara y decirles: “Otros no tienen comida, pero nosotros sí”.
El país necesita políticas que reconozcan a quienes levantan la economía. Pero, mientras eso llega, lo que sí depende de cada uno es no dejar que el mañana nos agarre fuera de base.











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