Con motivo de la celebración del Día de Nuestra Señora de la Altagracia, que se conmemora este 21 de enero, patrona espiritual del pueblo dominicano, el padre Ángel Díaz resaltó el profundo significado religioso, social y humano que representa esta advocación mariana para la Iglesia y para la sociedad dominicana en su conjunto.
El sacerdote explicó que la Virgen de la Altagracia es sentida como una madre cercana que convoca, protege y acompaña al pueblo, una devoción que trasciende lo parroquial y se vive con la misma intensidad en todo el país.
“Nos sentimos como hijos en los brazos de una madre que camina junto a nosotros y nos ofrece su protección”, expresó.
Al referirse al mensaje que transmite la Virgen, el padre Díaz subrayó valores fundamentales como la fidelidad, la esperanza y la confianza en Dios. Recordó que María, al aceptar el anuncio del ángel, dio un testimonio de entrega y disponibilidad absoluta al plan divino, convirtiéndose en un modelo de fe activa. “Ese ‘sí’ confiado nos enseña a creer, a esperar y a caminar con esperanza en medio de las dificultades”, afirmó.
En cuanto a las actividades conmemorativas, informó que la parroquia se unirá a la celebración mediante el rezo del novenario mariano, que iniciará el día 12 de enero, con reflexiones dedicadas a la Virgen durante las homilías. El 21 de enero, día central de la festividad, se celebrarán las eucaristías con la solemnidad propia de un día domingo.
Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, el sacerdote hizo un llamado a no conformarse con lo inmediato ni con lo efímero, exhortándolos a buscar el sentido profundo de la vida y a convertirse en agentes de cambio en la sociedad.
Señaló que María es ejemplo de valentía y compromiso, al no replegarse ante la incertidumbre, sino asumir su misión con decisión, cambiando el curso de la historia.
Más allá del ámbito religioso, el padre Díaz destacó que la Virgen de la Altagracia transmite valores universales como la confianza, el servicio, la generosidad, la honestidad y la vida familiar. Indicó que, en una sociedad marcada por la desconfianza y los desencantos, María invita a volver a creer en el otro y en la posibilidad de construir un mundo mejor desde el testimonio cotidiano.
Finalmente, exhortó a los fieles a integrarse activamente a las celebraciones en sus parroquias y comunidades, viviendo esta fecha no solo como una tradición, sino como una experiencia de fe transformadora. “Que esta celebración sea un despertar para comprometernos, como María, en la construcción de una mejor sociedad, una mejor familia y una Iglesia más coherente con su misión”, puntualizó.
La Virgen de la Altagracia es la patrona espiritual de la República Dominicana desde finales del siglo XVI. Su devoción se consolidó a partir de la llegada de la imagen a Higüey y del relato del milagro de la niña, convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los símbolos religiosos y culturales más representativos del país. Cada 21 de enero, miles de fieles peregrinan a la Basílica de Higüey para renovar su fe y agradecer los favores recibidos.











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