“A cualquiera le puede pasar”, esas fueron las palabras del hombre que terminó con la vida de la adolescente Awilda Encarnación, de apenas 16 años. La joven quedó sin signos vitales tras ser atacada con un objeto afilado por su pareja sentimental, en Ocoa.
Este horrendo feminicidio se registró alrededor de las 6:30 de la mañana en su residencia. Según fuentes oficiales, el padre de la víctima narró que llevaban ocho meses de casados. Otra historia más, otra víctima más, otra familia destruida. Una vida joven que se pierde a manos de un ser que cree que tiene control sobre la mujer, que la ve como una posesión, como alguien que le pertenece.
Tenía 16 años. En redes sociales abundan los comentarios que intentan culpar al padre por haber permitido que se fuera tan joven de casa. Pero la realidad es una sola: el único culpable es quien cometió el hecho. El mismo que luego, ante las cámaras, con lágrimas en los ojos, dijo que “a cualquiera le puede pasar”, que lo sentía y que pedía disculpas a los familiares. ¿Y de qué sirve eso? La vida ya fue arrebatada.
Casi la gran mayoría de los feminicidios que me ha tocado ver a través de las noticias terminan de la misma forma: el agresor se quita la vida o no se arrepiente del hecho, justificándose con frases como “ella se lo merecía”, “me engañó”, “me quería dejar”. Y en los peores casos, aparece el falso arrepentimiento, el “lo siento”.
A cualquiera le puede pasar…
Cada vez que me topo con un caso tan doloroso como este, siempre trato de dar un consejo: si te maltratan física o verbalmente, huye. No importa qué dirá la gente. No importa si tienes que criar a tus hijos sola. No eres ni la primera ni la última mujer en el mundo en hacerlo. Debes hacerlo por ti, por tus hijos y por tu familia.
Lamentablemente, el 19 de enero de 2026, esta joven de 16 años se convierte en otra víctima más de feminicidio.
PERO TÚ AÚN ESTÁS A TIEMPO.











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