Eric Fromm, en su libro: “El arte de amar”, enfoca el amor desde la realidad familiar. Los poetas hablan de ello desde lo romántico, en bromas y en ocasiones, de manera trágica; los filósofos desde el ser; una realidad que no se puede tocar ni banalizar por su sentido sublime y profundo. La Biblia nos dice que el amor viene de Dios y que para amar hay que nacer de Dios. Para el mundo de los negocios y empresarial, el amor es a veces utilizado para hacer contrato, dinero, regalos, viajes, lujos, entretenimientos, beneficios; es decir, todo lo que se pueda utilizar y que garantice comodidad momentánea.
El amor ha sido diversificado, divido, fraccionado, repartido. Se les ha dado a todos, pero cada quién lo vive y lo trasmite a su manera. Algunos no tienen ni idea de lo que es, pero se lo transfieren a los demás; otros, en cambio, lo conocen, pero no están en disposición de ofrecerlo. Ahora bien, también existen personas que conocen el amor y no les interesa comunicarlos porque fueron engañados alguna vez, los traicionaron y ya tienen miedo de experimentarlo, porque los dejaron con heridas y un gran vacío.
El psiquiatra español Enrique Rojas, dice que el amor es una decisión. Una actitud asumida ante la vida. Definición difícil de acoger porque hemos cambiado el concepto, no nos resulta agradable, porque implica responsabilidad, hay que asumir riesgos y retos; aprender a vivir con las alegrías y las tristezas; con los triunfos y los fracasos; con el gozo y el sufrimiento. En fin, amar es más que un sentimiento y una emoción placentera; es mucho más que dulces, chocolates, peluche, y que una sorpresa en un día específico del año. Amar es una aventura que solo los valientes son capaces de aceptar y llevar acabo en sus vidas.
A lo mejor el amor se ha dispersado porque lo hemos confundido con cualquier cosa, se asume tal vez la idea de reconocer que, amor únicamente conlleva sufrimiento, dolor y momentos amargos. Situaciones en nuestra cotidianidad que nos ponen a prueba el sentido real de los sentimientos superficiales que guardamos en nuestro interior. Creo que el amor es saber dónde tenemos los pies parados y aun así, seguir caminando. Es aquella actitud resistente que, aunque aparezcan espinas, o veamos que nos arrope el cansancio y aparezca el deseo de abandonarlo todo, nos impulsa a seguir hacia adelante porque tenemos la certeza que el final será gratificante y glorioso.
El amor continúa desparramándose en las casas, en los bares y restaurantes; en hoteles, en las fiestas y los diversos lugares de diversión. Sigue siendo por desconocimiento y por las cicatrices llevadas, consumido sin contenido, de manera dietética, de manera light. Sin embargo, el amor no es fantasía, ni hipocresía y ni tampoco autoengaño. Es justamente todo lo contrario, transparencia, inocencia y esa voluntad de integrar todo en nuestra existencia, aunque duela, pese a que nos arrodille, ya que si lo hacemos realmente podremos decir que cierta vez, amamos.











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