Como abogado y politólogo, debo decirlo con claridad: esta decisión vulnera directamente la soberanía y compromete la seguridad nacional.
No existe obligación jurídica internacional que obligue a la República Dominicana a recibir en su territorio a personas que no son dominicanas, que no tienen vínculos legales con el país y que han sido condenadas por crímenes cometidos en otra jurisdicción.
Aceptar esa imposición equivale a renunciar a un principio básico del derecho internacional: ningún Estado está obligado a admitir extranjeros indeseables o peligrosos.
Desde mi perspectiva profesional, esta decisión: Desconoce la potestad soberana del Estado para controlar quién entra a su territorio. Crea un precedente peligroso, pues abre la puerta a que otros países utilicen a la República Dominicana como depósito de personas que desean expulsar. Compromete la seguridad ciudadana, al introducir individuos con historial criminal sin un proceso previo de evaluación, negociación o rechazo y Refleja una actitud de subordinación geopolítica, incompatible con la dignidad de un Estado soberano.
Como dominicano, como jurista y como politólogo, me preocupa profundamente que esta medida se haya asumido sin debate público, sin consulta institucional y sin una estrategia clara de protección nacional.
Quiero al concluir este enfoque sobre lo que pienso de nuestra soberanía que no está abolida, pero sí en suspenso, que se diluye cuando el Estado deja de ejercer plenamente sus competencias esenciales. Se erosiona cuando se acepta como normal lo que debería ser inaceptable. Y se compromete cuando la defensa territorial no va acompañada de una defensa jurídica y diplomática coherente.
Como profesor de historia, politólogo y abogado, afirmo que la República Dominicana necesita recuperar una doctrina de Estado, no de gobierno. Una doctrina que coloque la Constitución por encima de la presión internacional. Una doctrina que entienda que la soberanía no es un discurso: es una práctica diaria que exige firmeza, claridad y coraje político.
Presiones externas, contradicciones internas y ausencia de doctrina de Estado
Seguridad nacional, subordinación geopolítica y el deber de recuperar una doctrina de Estado











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