La carretera Tenares–Gaspar Hernández, reflejo de la indiferencia, la desvergüenza y la inmoralidad
Por Dr. Eliscer Guzmán
Para quienes llevamos más de treinta años viviendo en Estados Unidos entre trabajo agotador, ansiedad, soledad y nostalgia, regresar a nuestra tierra no es solo viajar: es volver a respirar.
Las montañas, el verdor de los árboles, el azul del cielo y el encuentro mágico entre lomas, llanos y mar producen una terapia mental y espiritual que ningún dinero puede comprar. Los Cacaos, Loma Azul, Blanco y Gaspar Hernández tienen una belleza que sana, embelesa y acerca el alma a Dios.
Pero antes de llegar a ese paraíso, hay que atravesar una pesadilla.
El tramo carretero Tenares–Gaspar Hernández no es simplemente una vía deteriorada: es un monumento al abandono. Sus hoyos son cráteres de indiferencia; sus curvas, pruebas de supervivencia; su estado, una vergüenza pública que retrata la insensibilidad de quienes deberían servir al pueblo.
Los choferes manejan entre el miedo y la impotencia, sabiendo que cualquier maniobra puede terminar en tragedia. Mientras tanto, muchas autoridades duermen tranquilas, como si la vergüenza no existiera y como si el sufrimiento de la gente no mereciera respuesta.
Y aun así seguimos yendo.
Seguimos subiendo esas lomas porque al final nos espera la recompensa divina de la naturaleza: montañas que abrazan, cielos que consuelan y un mar que parece recibirnos con olas sonrientes.
Esa belleza no pertenece a los políticos.
Pertenece a Dios y al pueblo.
Abandonar esa carretera no es solo abandonar una vía.
Es abandonar una región, despreciar a su gente y ofender una de las obras más hermosas que Dios le regaló a la República Dominicana.
“El autor es médico cardiólogo con una destacada trayectoria ejerciendo la medicina en Estados Unidos”.











Discussion about this post