Las elecciones universitarias no solo determinan quiénes ocuparán los principales cargos de dirección. En realidad, definen las condiciones bajo las cuales una institución podrá gobernarse con eficacia durante los años siguientes. Desde esa perspectiva, la segunda vuelta electoral en el Recinto UASD San Francisco de Macorís trasciende la elección de un subdirector académico: decidirá la capacidad del proyecto institucional para ejecutarse con coherencia, estabilidad y resultados.
La primera vuelta produjo una decisión democrática de indudable trascendencia. La comunidad universitaria eligió a la maestra Rosa Francia Burgos como Directora General y a la maestra Rosa Urania de la Cruz Ovalles como Subdirectora Administrativa, definiendo así la orientación del proyecto de gestión que conducirá el recinto durante el período 2026-2030. Sin embargo, toda estructura de gobierno requiere completar sus componentes esenciales para alcanzar su máxima capacidad de dirección. La segunda vuelta representa, precisamente, la oportunidad de culminar ese proceso mediante la elección de la Subdirección Académica.
La gobernanza universitaria contemporánea sostiene que la calidad de una institución no depende únicamente de la legitimidad con que son elegidas sus autoridades, sino también de la capacidad del equipo directivo para actuar de manera coordinada alrededor de objetivos compartidos. La experiencia de las instituciones de educación superior demuestra que los proyectos universitarios alcanzan sus mejores resultados cuando existe una adecuada articulación entre quienes definen las políticas institucionales, quienes administran los recursos y quienes dirigen los procesos académicos.
No se trata únicamente de una cuestión organizativa. Se trata de la capacidad real de una universidad para cumplir con su misión. La docencia, la investigación, la extensión, la innovación curricular, el aseguramiento de la calidad, la evaluación institucional y el desarrollo profesoral requieren una conducción académica capaz de convertir las decisiones estratégicas en acciones concretas y verificables. Por ello, la Subdirección Académica no constituye un cargo accesorio dentro del organigrama universitario; representa uno de los pilares sobre los cuales descansa el cumplimiento de la misión institucional.
Cuando la Dirección General, la Subdirección Administrativa y la Subdirección Académica comparten una misma visión estratégica, la planificación deja de ser un ejercicio formal para convertirse en un verdadero instrumento de transformación institucional. Las decisiones se ejecutan con mayor coherencia, los procesos se coordinan con mayor eficiencia, las prioridades académicas mantienen continuidad y los recursos se orientan con mayor racionalidad hacia el fortalecimiento de la calidad educativa. En cambio, cuando la conducción institucional carece de integración estratégica, aumentan los riesgos de dispersión, duplicidad de esfuerzos, retrasos en la ejecución y debilitamiento de la capacidad de respuesta ante los desafíos propios de la educación superior.
Desde esa perspectiva, la segunda vuelta electoral trasciende el interés propio de una competencia entre candidatos. Lo que realmente decidirá la comunidad universitaria el próximo 2 de julio será la capacidad del proyecto de gestión respaldado mayoritariamente en la primera vuelta para gobernar con cohesión, estabilidad y eficacia. No se trata simplemente de completar una estructura administrativa; se trata de consolidar las condiciones institucionales que permitan ejecutar con éxito el programa académico presentado a la comunidad universitaria.
En este contexto adquiere especial significado la candidatura del maestro Víctor Saldaña. Su eventual elección permitiría completar la integración del equipo responsable de conducir el proyecto académico del recinto bajo una visión compartida de desarrollo institucional. Esa articulación fortalecería la coordinación entre la Dirección General, la Subdirección Administrativa y la Subdirección Académica, favoreciendo una gestión con mayor capacidad para impulsar la innovación curricular, fortalecer el desarrollo profesoral, consolidar los procesos de evaluación institucional y profundizar la cultura de la calidad académica.
La comunidad universitaria ya expresó en las urnas cuál proyecto desea que conduzca el recinto durante los próximos cuatro años. La segunda vuelta no modificará ese mandato democrático; permitirá dotarlo de las condiciones de gobernanza necesarias para hacerlo plenamente ejecutable. En términos institucionales, ello significa fortalecer la capacidad de dirección, asegurar la coherencia entre la planificación y la ejecución, y crear mejores condiciones para ofrecer respuestas oportunas a las necesidades de docentes, estudiantes y de la sociedad dominicana.
En toda institución democrática, la legitimidad nace del voto. Sin embargo, la legitimidad, por sí sola, no garantiza una gestión exitosa. La verdadera fortaleza de una universidad reside en su capacidad para transformar esa legitimidad en gobernanza efectiva, mediante una dirección cohesionada, una visión compartida y una acción coordinada orientada al logro de resultados. Esa constituye la diferencia entre administrar una institución y conducir un verdadero proyecto de transformación universitaria.
Por ello, la decisión del próximo 2 de julio trasciende la elección de un subdirector académico. La comunidad universitaria tendrá la oportunidad de completar la arquitectura institucional que permitirá consolidar una dirección plenamente integrada y fortalecer la gobernabilidad académica del Recinto UASD San Francisco de Macorís. De esa decisión dependerá, en gran medida, la capacidad del proyecto de gestión para convertir sus compromisos en realizaciones concretas durante el período 2026-2030.











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