La picaresca en los países ¨en vías de desarrollo¨ como el nuestro donde la carpanta, la cuenca, la crujía, la olla, la prángana, o el descriscaje está al día no es solo una manifestación más de una crisis socioeconómica casi permanente, sino que se ha convertido en un deporte nacional ampliamente practicado y transmitido de generaciones en generaciones, y por ende cada vez está más afinada y efectiva puesto que esas prácticas maliciosas evolucionan y se perfeccionan.
En este caso nos referimos a la técnica criminal engañosa que podríamos llamarla del moriviví tomando el ejemplo de esa curiosa planta de nuestros campos que al tocarla se encoge como si estuviera muerta y después al ratito vuelve a su estado de vida normal, de ahí su simpático nombre. En versión homicida el moriviví consiste en que el delincuente se mata sí mismo, poco después milagrosamente resucita al estilo bíblico de Lázaro y se fuga a velocidad de cohete de feria escapando así del peso de la ley y de las autoridades, las cuales creían tan inocentemente que el muerto de marras ya estaba de vacaciones permanentes en un resort bajo tierra.
Pero no crean que esto del moriviví es una técnica sencilla, para lograrla hay que contar con determinados protagonistas y colaboradores para hacer sobornos, falsificaciones legales, médicas, y legistas, hay que adulterar documentos, contar con logística de apoyo y escape y sobre todo distribuir unos buenos fajos de billetes corruptores cosa que no todos los delincuentes tienen a mano tanta parafernalia.
En Dominicana el país de los imposibles posibles donde todo se puede, han habido varios casos de moriviví humano porque en eso de hacer malabares para escapar de la justicia somos sin duda unos verdugos, y si alguien lo duda que se lo pregunte a los infinitos desvalijadores de las arcas del Estado que andan libres y felices gastando lo que al pueblo le robaron.
Uno de los casos más sonados, aún más que una nariz fuertemente acatarrada, fue el caso de Quirinito, el alias de Pedro Alejandro Castillo Paniagua, quien casualmente era -es- sobrino del famoso traficantazo Quirino Ernesto Paulino, uno de los más reconocidos delincuentes dominicanos en las áreas del narcotráfico que trasegó toneladas de blanca mercancía hacia los Estados Unidos y que lo atraparon transportando más de mil trescientos de kilos de cocaina y por todo ello estuvo preso en los Estados Unidos, y de ahí el apodo de Quirinito al cercano familiar.
Este angelito, Quirinito, fue detenido por matar a un ciudadano español llamado Wikiky, y también acusado de secuestrar a otro hombre, obligarlo a subir su vehículo a punta de pistola y del que nunca más se supo nada. Quirinito fue condenado a treinta años de prisión, y como el dominicano está amasado con miel y azúcar le fueron rebajados después a veinte. De inmediato comenzó a practicar el asunto del morivivismo.
Mediante diagnósticos y certificados falsos de médicos, legistas y funcionarios hizo creer que tenía un cáncer terminal en la lengua por lo que la miel y el azúcar ya citados le permitió regresar a su casa para acabar sus últimos días en íntimo ambiente familiar, después lo declararon muerto y como dice el dicho perro muerto se acabó la rabia. Pero al intervenir varias personas en el chanchullo fatal de una manera u otra el fraude se descubrió, las autoridades quisieron abrir el ataúd para constatar si de verdad había fallecido pero la mujer se oponía a decirles dónde lo habían enterrado. Total que cuando se confirmó que no estaba Quirinito en la caja larga de madera ya había revivido y al parecer entrando por los predios de Haití volado a otras tierras lejanas.
De esto hace ocho largos años, hasta el momento no se le encontrado ni en los centros espiritistas, parece que según los servicios de inteligencia inicialmente fue localizaron en Holanda, pero no pudieron atraparlo, si se esfumó de Dominicana delante de las narices de las autoridades cambiándose el nombre, menos lo iban a atrapar por Europa. El caso es que un delincuente criminal anda por algún lugar del mundo suelto y lo más probable como perro huevero aunque le quemen el hocico, haciendo de las suyas.
¿Qué pasó con los que le ayudaron s escapar? Se saben los nombres de todos los que intervinieron en el morivivismo, el médico que certificó el cáncer, el legista que confirmó la muerte, quien o quienes le facilitaron los documentos falsos, quien o quienes lo acompañaron hasta la frontera o al país destino, titirimunchachi implicachi, y saben lo que les sucedió pues nada de nada de nada. Lo de la miel y el azúcar y lo dicho que somos unos verdugos en librarnos de la justicia.
´A veces, cuando oigo la canción aquella de ¨ A mi amigo Blanco Herrera le pagaron su salario¨… cuando llega eso de… ¨y no estaba muerto, no, no, que estaba tomando cañas¨ me acuerdo del moriviví de Quirinito que tal vez se las está tomando en algún bar, y también a sus compinches locales que nos han estado tomando el pelo hasta hoy y posiblemente para siempre. Moriviví, moriviví, moriviví ¡Qué lindo nombre el de aquí!











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