Por María Hidalgo, Maestra
Hablar del bajo nivel de lectura en los niños de la República Dominicana, es un desafío que exige cambios reales en nuestro sistema educativo.
A pesar de los años se han implementado diversas estrategias para mejorar la calidad de la educación, los resultados continúan mostrando que muchos estudiantes presentan dificultades para leer con fluidez y sobre todo, para comprender lo que leen.
Como todos sabemos la lectura es la base de todo aprendizaje. Un niño que no comprende texto tendrá dificultades para aprender en las diferentes asignaturas. Por ello, fortalecer las habilidades lectoras debe ser una prioridad nacional.
A mi entender, una de las causas que ha influido en esta problemática es la implementación constante de diferentes programas y enfoques de enseñanza.
Aunque muchos de estos cambios buscan mejorar la educación, en ocasiones se introducen sin el tiempo suficiente para que los docentes reciban la capacitación necesaria o para evaluar si realmente están dando los resultados esperados.
Como consecuencia, se producen interrupciones en la continuidad del proceso de enseñanza y los estudiantes pueden verse afectados.
Además, en muchos casos las exigencias de los programas están diseñados para estudiantes con un nivel académico superior al que realmente presentan muchos niños. Esta situación genera una brecha entre lo que se espera que aprendan y las competencias que han logrado desarrollar, dificultando su proceso de aprendizaje y afectando su confianza, motivación y desempeño.
En lugar de responder a las necesidades reales de los alumnos, estas exigencias pueden convertirse en un obstáculo para el fortalecimiento gradual de sus conocimientos y habilidades lectoras.
A esta situación se suman otros factores, como la poca práctica de la lectura en los hogares, el escaso acceso a libros, el uso excesivo de dispositivos electrónicos con fines de entretenimiento y las diferencias sociales que limitan las oportunidades de aprendizaje de muchos niños.
La solución no consiste únicamente en crear nuevos programas educativos, sino en fortalecer los que realmente funcionan, dar continuidad a las políticas exitosas, capacitar permanente y verdaderamente a los docentes, fomentar el hábito de la lectura desde el hogar y la escuela. También es necesario involucrar a las familias, ya que el acompañamiento y la motivación de los padres desempeñan un papel fundamental en el desarrollo lector de los niños.
Nuestro país necesita formar lectores críticos, capaces de comprender, analizar y expresar sus ideas con claridad. Para lograrlo, es indispensable que las decisiones educativas se tomen con base en evidencias, que exista estabilidad en las políticas de enseñanza y que todos los sectores trabajen con un mismo objetivo: garantizar una educación de calidad para cada niño.
El futuro del país depende, en gran medida, de la educación que reciban las nuevas generaciones. Invertir en la lectura es invertir en ciudadanos mejor preparados, con mayores oportunidades y con la capacidad de contribuir al desarrollo de una sociedad más justa y próspera.











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