Por el Lic. Elcido Roque
El 16 de julio del año 1986, un mes antes de la entrega del poder por parte del presidente Salvador Jorge Blanco al Dr. Joaquín Balaguer, los máximos dirigentes del equipo político de Jorge Blanco en San Francisco de Macorís, compañeros Carmelo Castillo, Máximo Arias, profesor Manolo Bonilla, Juan Santiago, Félix Mendoza, Nicolás Durán, Salvador Mena, Juan Luís Ramos, Claudio Almánzar, Sabás Holguín, Ramón de Jesús, el autor de este escrito Elcido Roque y el comandante Delio quien es dirigente prominente de la Fuerza de la Revolución, altamente preocupado por la derrota del PRD en las elecciones del 16 de mayo de 1986 y por el temor de que el Dr. Balaguer y los reformistas reiniciaran las persecuciones políticas que caracterizaron los inolvidables 12 años de Balaguer, asistimos a una reunión que había sido coordinada por el profesor Luís Bautista, senador de la provincia Duarte con el presidente Jorge Blanco en el Palacio Nacional.
El propósito de aquella reunión era plantearle al presidente de la República la difícil situación económica en que nos encontrábamos los dirigentes de su equipo político a un mes de concluir la presente gestión de gobierno y la inminente salida del poder, algunos de los compañeros les iban a solicitar al presidente la exoneración de vehículos, otros les iban a solicitar apartamentos, los más viejos de edad querían pensiones y en menor medida algunos querían ayudas económicas.
La referida reunión estaba programada para las 11:00 a.m. en el despacho de la Secretaría de la Presidencia, el interés de reunirnos con el presidente era tan inmenso que ya a las 10:00 a.m. aunque bien apretaditos por la falta de asientos en aquel majestuoso despacho, nos encontrábamos la totalidad de los que habíamos sido invitados, el reloj marcó las 11:00 a.m. y el Presidente no llegó, el reloj marcó las 12:00 p.m., las 1:00 p.m., las 2:00 p.m., las 3:00 p.m. y las 4:00 p.m. y el presidente no llegaba, los compañeros que en la esperada reunión solo ingeríamos agua, algunos de los compañeros por el compromiso de salir temprano hacia Santo Domingo no desayunaron bien y los mareos por el hambre eran motivo de preocupación.
A las 5:00 p.m. el profesor Luís Bautista abrió la puerta del despacho donde nos encontrábamos y nos informó que el presidente no podía recibirnos, también nos comunicó que el presidente nos había enviado mil pesos y no había terminado de mostrarnos aquella papeleta roja de mil pesos cuando el compañero Delio se la arrebató de la mano, rompiéndola en decenas de pedacitos, arrojándolos al piso y recibiendo un caluroso aplauso de los compañeros que sensiblemente se sentían hambrientos y angustiados.
La actitud de desprecio y desconsideración del presidente Jorge Blanco con su equipo político produjo tanta indignación, que algunos compañeros antes de abandonar el despacho del secretario de la Presidencia llenaron de cacá y orina las lujosas alfombras que cubrían el piso de aquel majestuoso lugar, en la mañana siguiente, el Lic. Fulgencio Espinal, quien desempeñaba las funciones de Secretario de la Presidencia no pudo entrar a su despacho a consecuencia del mal olor del “regalito” que la habían dejado sus compañeros de partido, a Fulgencio Espinal le oyeron decir que él pensaba que los sucios y malparidos habían desaparecido en el 78 con la partida de Balaguer, pero fue que se mudaron para San Francisco de Macorís.
Como yo fui uno de los primeros en salir de aquella abortada reunión, no me enteré de que el compañero Sabás Holguín, dirigente del PRD, en Loma de Jaya y quien estaba presente en la fracasada reunión, había recogido todos los pedacitos de aquella papeleta roja y con una habilidad impresionante pudo empatar cada uno de los pedacitos y al día siguiente de aquel recordado espectáculo, se trasladó a la oficina del Banco de Reservas de La Mella con 27 de Febrero donde logró cambiar la papeleta de mil pesos y a las 11:00 a.m. de ese mismo día se apareció en mi casa para entregarme setenta pesos que, según él, era lo que me tocaba.











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