Por Tony Reyes
Tras bastidores, José Ludwig Rubio permanece como la mente estratégica y pensante, con la única intención de lograr que una mayor cantidad de sus atletas aparezca en las fotos del podio. Y si se escucha la entonación del himno nacional, como ocurrió varias veces en los concluidos Juegos Centroamericanos y del Caribe, su trabajo y esfuerzo ejecutados durante años alcanzan la perfección.
Por años ha sido un constructor de campeones, como muchos definen a este gran entrenador de atletismo, quien pasea sus conocimientos desde República Dominicana hasta Baréin y Dubái, haciendo paradas exitosas en lugares como Puerto Rico, Guatemala y Honduras, entre otras naciones.
Lo que acaba de ocurrir en los Centroamericanos merece el calificativo de soberbio para Rubio y su equipo, cuyos atletas se despidieron con seis medallas de oro, una de plata y otra de bronce.
Esto incluye el despegue definitivo de la figura de Liranyi Alonso, quien, con apenas 20 años, se convirtió en la reina de los juegos para los dominicanos tras alcanzar cuatro preseas de oro. También sobresalieron Ferdy Agramonte en los 800 metros masculinos, así como dos de las atletas del relevo 4 x 400 femenino que conquistó el oro.
“Sin dudas, una de mis mejores actuaciones como entrenador en sentido general. Casi nunca contabilizo ese tipo de cosas, pero no tengo dudas de que lo trabajado en los meses previos rindió sus resultados”, expresó Rubio tras conversar con Listín Diario vía telefónica.
Resultados de alto nivel
Tan resaltante fue su labor que, de los 16 atletas clasificados y entrenados por él, nueve alcanzaron preseas, incluidas las seis doradas. El hecho es tan meritorio que la disciplina completa no había ceñido esa cantidad en una sola versión.
Con atletas que conquistaron preseas doradas desde los 100 hasta los 400 metros, Rubio considera que unir las facetas de entrenador, dirigente y exatleta le facilita el manejo de los deportistas.
“Cuando yo entrenaba y era federado, Félix Sánchez aún estaba en competencia, mientras que en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, evento en el que Luguelín Santos alcanzaba la presea de plata, Yasen Pérez entrenaba atletas con discapacidad”, agregó.
“Ya tenía un camino recorrido; conozco mucho sobre la idiosincrasia de los atletas, sus lados y sentimientos, aspectos que al final del día surten sus efectos”, añadió.
A esto se agrega la elevada cantidad de resultados de alto nivel que ha tenido a lo largo de los años, algo que, en el caso de Rubio, ocurre desde los inicios del 2000.
Dueño de un sistema más que exigente, Rubio entiende que ha quebrado el viejo molde de trabajar solo para obtener resultados en los Juegos Militares. Antes, apenas unos pocos tenían las aspiraciones de lograr preseas centroamericanas y panamericanas, “aunque ha ido mejorando esa cultura”, señaló.
“En mi caso pienso en Olimpiadas y Mundiales; lo otro me queda abajo”, expresó el excorredor de 800 y 1,500 metros.
Una primera camada incluye a Yoel Tapia, Marielis Sánchez y Yoelín Santa. En un segundo grupo sobresalieron Arismendy Peguero, Luguelín y Wander Santos, Gustavo Cuesta y Wilkin Corniel, entre otros, además de esta camada que incluye a Cofil, Liranyi, Estrella de Aza, Ana José Tima y José González.
Lo que busca en un atleta
Para Rubio, lo primero es la aptitud del atleta. Esa fue la cualidad que lo enamoró de Luguelín, Liranyi y Fiordaliza Cofil, quizás los tres productos más acabados que ha tenido.
Puso el ejemplo de Luguelín cuando lo observó como un hambriento atleta escolar y vio la gallardía que mostró al cruzar la meta. Eso mismo ha ocurrido con Liranyi.
En lo relativo a esta última, desde este domingo retomará los trabajos con ella, pues el objetivo principal es llevarla a bajar su tiempo a 10 segundos y fracción.
“En lo adelante, su labor será mucho más exigente: Juegos Panamericanos, Mundiales y las Olimpiadas de Los Ángeles son los principales objetivos”.











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