Hay un viejo refrán muy popular que dice que “las mujeres y los vehículos no se prestan”. La primera parte puede ser tema para otro día, pero la segunda tiene una realidad que muchas veces no entendemos hasta que nos toca vivirla de cerca, y en la mayoría de los casos nos sucede por actuar desde la inocensia, la ignorancia y desde la buena fe.
Prestamos porque confiamos, porque es un amigo, un compañero, un familiar o una persona a la que conocemos desde hace años, entregamos nuestras llaves pensando: “Él va a resolver algo y después me devuelve mi vehículo”.
¿Pero qué pasa si esa persona lo presta a otra?
Ahí comienza una cadena de confianza donde llega un momento en el que usted ya no sabe quién tiene lo suyo, dónde está ni para qué lo están utilizando, y justo allí es donde está el peligro. Porque el vehículo sigue teniendo un dueño, tiene una matrícula, una placa y un nombre registrado, y si mañana ese vehículo aparece involucrado en una situación complicada, sea cual sea, inevitablemente van a llegar hasta su propietario.
Entonces comienza ooootro problema.
No solamente pueden llegar preguntas, investigaciones y explicaciones, también puede verse afectado algo que quizás usted tardó 10, 20 o 30 años en construir: UN NOMBRE, UNA REPUTACIÓN.
Porque recuerde que vivimos en una sociedad donde muchas veces primero se señala y después se pregunta.
Una fotografía, un comentario, una publicación en las redes sociales o simplemente escuchar que “el vehículo era de fulano” puede ser suficiente para que la gente saque sus propias conclusiones. Y mientras usted intenta explicar que no sabía, que simplemente hizo un favor o que actuó confiando en alguien, su imagen ya está siendo golpeada y su reputación puede estar pagando las consecuencias de algo que usted nunca imaginó.
Y no se equivoque, que esto no se limita solo a prestar un vehículo. Puede ser prestar una tarjeta, una cuenta bancaria, un teléfono, permitir que alguien utilice su nombre, firmar como garante, recibir un paquete para otra persona o simplemente servir de intermediario en algo que usted realmente no conoce.
Hay favores que parecen pequeños cuando comienzan, pero uno nunca sabe qué tamaño tendrán cuando terminen. Por eso también debemos revisar y ser diligentes en cuanto a quién tenemos cerca, no se trata de vivir desconfiando de todo el mundo ni de abandonar a nuestros amigos, se trata de entender que las decisiones de las personas que nos rodean, tarde o temprano, también pueden tocarnos.
La confianza es necesaria, pero las amistades sanas también. Hay responsabilidades que no podemos poner en manos de nadie, porque usted puede saber perfectamente a quién le está prestando su vehículo. LO QUE USTED NUNCA SABRÁ ES EN MANOS DE QUIEN PODRÍA TERMINAR.
Y quizás por eso aquel viejo refrán, por más simple que parezca, todavía tiene algo que enseñarnos: Hay cosas que, sencillamente, no se prestan.











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