Una persona comentaba, casi en voz alta y con aires de crítico político profesional:
—¡Señores! Este joven Santiago Matías, con su juego de aspirante a la Presidencia, podría ganar la carrera sin necesidad de consultar el espejo del legendario narrador hípico petromacorisano Simón Alfonso Pemberton!
Otra persona, perteneciente a la extinguida clase alta de Santiago de los Caballeros —cuyo apellido también parecía haberse extinguido económicamente—, al escuchar aquella expresión recuperó momentáneamente su antiguo linaje y replicó:
—¡Todavía quedan en este país personas con suficiente educación y sentido de responsabilidad para evitar que esta sociedad termine desintegrándose por completo!
Al cabo de unos minutos, la improvisada tertulia del Colmado la Zurza, en el sector social del mismo nombre, en Santiago de los Caballeros, en torno a la figura política de Esmelin Santiago Matías García, conocido artísticamente como Alofoke, fue incorporando a un número cada vez mayor de personas.
Algunas daban por posible una eventual atomización social y política de la República Dominicana. Otras sostenían que ese proceso de descomposición ya había comenzado hacía tiempo y que una posible candidatura de una figura surgida de los medios de comunicación y la cultura popular, solo añadiría una nueva dosis de aceleración.
En ese momento se incorporó al conversatorio un personaje que afirmó pertenecer a los sectores más desfavorecidos de la sociedad dominicana. Explicó que, por esa razón, nunca se había sentido representado por ningún gobernante de origen similar al suyo.
—El único que, desde el poder, podría representar a mi clase es Santiago Matías. Quienes han gobernado esta media isla, llena de contradicciones morales y políticas, le han robado al país su dignidad, sus recursos y su esperanza. Han sido hombres provenientes de la clase dominante o respaldados por ella —afirmó con énfasis.
La popularidad de Santiago Matías no puede explicarse únicamente por su presencia en los medios o por el lenguaje directo que utiliza. Su influencia responde a varios factores, veamos:
a) Conexión con sectores populares
Alofoke ha construido una imagen vinculada a los sectores urbanos y populares, especialmente a jóvenes que no se sienten representados por los discursos tradicionales. Su manera de hablar, sus referencias culturales y su estilo comunicativo le permiten presentarse como alguien cercano, no como un político convencional.
b) Dominio de las plataformas digitales
Su principal fortaleza se encuentra en el uso de las redes sociales y de los medios digitales. A diferencia de los políticos tradicionales, que dependen de estructuras partidarias, campañas formales y medios convencionales, Santiago Matías cuenta con una comunidad digital capaz de producir, difundir y comentar contenidos constantemente.
Esa comunidad no debe confundirse automáticamente con una base electoral. Tener seguidores, oyentes o espectadores no significa necesariamente que todas esas personas estén dispuestas a votar por una candidatura. Sin embargo, sí constituye una importante capacidad de influencia y movilización.
c) Lenguaje directo y confrontativo
Su estilo suele ser espontáneo, polémico y poco diplomático. Para una parte del público, esa forma de comunicación representa autenticidad y valentía. Para otros, puede reflejar improvisación, exceso verbal o falta de responsabilidad institucional. La misma característica que atrae a determinados sectores puede generar rechazo en otros. Por eso, su lenguaje constituye simultáneamente una fortaleza comunicativa y una posible debilidad política.
d) Rechazo a las élites tradicionales
Su ascenso también se relaciona con el cansancio de amplios sectores frente a las élites políticas y económicas. Muchas personas sienten que los gobiernos, independientemente de sus partidos, no han resuelto problemas fundamentales como la desigualdad, la inseguridad, el desempleo, el costo de la vida y la deficiencia de los servicios públicos. En ese contexto, una figura externa al sistema puede ser percibida como una alternativa, aunque todavía no haya demostrado capacidad para gobernar.
2. El desencanto de la ciudadanía con los partidos tradicionales
La desconfianza hacia los partidos políticos no es un fenómeno exclusivo de la República Dominicana. En muchos países, los ciudadanos perciben que las organizaciones políticas han dejado de representar verdaderamente sus intereses.
a) Promesas repetidas y resultados insuficientes
Los partidos suelen presentar programas y promesas durante las campañas, pero una parte de la población considera que, una vez en el poder, esas promesas se abandonan o se cumplen parcialmente. Esto produce frustración y apatía.
b) Escándalos de corrupción y clientelismo
Los casos de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias y uso patrimonial del Estado han debilitado la credibilidad de las instituciones. Incluso cuando no todos los dirigentes están involucrados, la percepción general puede afectar al sistema completo.
c) Distancia entre dirigentes y ciudadanos
Muchos políticos mantienen una relación cercana con los ciudadanos durante las campañas, pero se alejan de ellos después de obtener el poder. Esa distancia crea la impresión de que los partidos solo buscan a la población para conseguir votos.
d) Cambios sociales que los partidos no han comprendido
La sociedad dominicana ha cambiado rápidamente. Los jóvenes tienen nuevas formas de informarse, expresarse y organizarse. Sin embargo, algunos partidos continúan utilizando métodos y discursos antiguos, poco conectados con las preocupaciones actuales.
e) Voto de protesta
El respaldo a una figura como Alofoke podría expresar, en parte, un voto de protesta. Algunas personas no votarían necesariamente por un programa político definido, sino contra los partidos tradicionales y contra lo que estos representan.
Este tipo de voto puede ser importante para renovar el sistema, pero también puede ser inestable. El rechazo a los partidos tradicionales no garantiza
ue una figura alternativa tenga la preparación o el equipo necesario para gobernar.
3. La relación entre medios, entretenimiento y poder político
La posible transformación de una figura del entretenimiento en actor político plantea una cuestión central: ¿hasta qué punto la popularidad mediática puede convertirse en legitimidad política?
a) La influencia mediática como poder social
Los medios no solo entretienen. También crean opiniones, fijan temas de debate y determinan qué personas reciben atención pública. Una personalidad con gran alcance puede influir en la agenda nacional incluso antes de ocupar un cargo. Santiago Matías ya posee una plataforma que le permite hablar diariamente con una audiencia amplia. Desde ella puede visibilizar problemas sociales, cuestionar a las autoridades y promover determinadas ideas o candidatos. Esto le otorga un poder político informal, aunque no necesariamente implique que esté preparado para ejercer funciones de gobierno.
La influencia mediática puede ser positiva cuando contribuye a denunciar injusticias, ampliar la participación ciudadana y dar voz a sectores tradicionalmente ignorados. Sin embargo, también puede generar riesgos si la información se presenta de manera parcial, si se prioriza la polémica sobre el análisis o si la popularidad sustituye la formación y la experiencia necesarias para tomar decisiones públicas.
Por esa razón, es necesario distinguir entre tener capacidad para comunicar y tener capacidad para gobernar. La primera permite movilizar opiniones; la segunda exige elaborar políticas públicas, administrar recursos, respetar las instituciones, dialogar con distintos sectores y asumir responsabilidad por las consecuencias de las decisiones.











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