Siempre se ha dicho: “La esperanza es lo último que se pierde”. Nadie tiene derecho a tirarse al surco hasta dos segundos después de haber muerto. Es mejor haber vivido luchando, que haber muerto llorando. Estas y otras frases son las que han servido de motor motivador a una gran cantidad de personas que ante los dilemas humanos buscan la manera más adecuada de no dejarse vencer por las circunstancias que le presenta la existencia en las diferentes facetas de la vida reflejada en la cotidianidad.
Es desastroso y agobiante saber que no todo el mundo ama y quiere luchar por la vida. Con frecuencia se escucha por la radio, se observa por la televisión y por la internet como los suicidios, los feminicidios y los homicidios se proliferan en distintos lugares del mundo, y como esta situación adormece la moral humana, dejando que se vuelva una realidad ajena para el individuo aun siendo está situación parte de cada ser humano, porque de una forma o de otra, el sufrimiento de uno afecta la convivencia de todos. Esta realidad, la cual es obviada por aquellos que no aman a la humanidad sino que son ególatras y hedonistas, y le resulta latoso mirar más allá de sí mismos, y entender que, la otra forma parte de la construcción de una exima sociedad.
Personas que anuncien el mal, que sean portavoces de los desastres atmosféricos, de las debilidades humanas, de los fallos políticos, religiosos y sociales, existen miles en nuestro planeta Tierra, pero, ¿Quiénes se están dedicando a promover una cultura de paz? ¿Cuántos son los que se están sacrificando un poco para opacar este aire de contaminación inmoral que se expande por los distintos continentes llegando a penetrar y a dañar la conciencia del ser humano?
Con estas preguntas queda reflejado un pensamiento que corresponde a la actitud que asume la masa social en estos tiempos contemporáneos. También, es una de las tantas maneras de expresar nuestra preocupación presente por los acontecimientos atroces que poco a poco quieren hacer del mundo un lugar inhabitado e inseguro, donde vivir con armonía consigo mismo y con los demás resulta una utopía.
Resignación es el nuevo estilo de vida que reflejan muchos en sus rostros y en sus modos de vivir. Seres humanos que se rindieron antes de tiempo y pierden la oportunidad de lograr un cambio radical en sus vidas, pero dudaron y dejaron que el ambiente los absorbiera sin ofrecerle nada para consolarlos.
Una vez escuché decir a una persona: ¿qué sentido tiene resignarse a vivir como el mundo vive, si aceptando esta invitación, las personas se convierten y se suman a la mediocridad social? Dejando decir con esto que, se debe luchar contra la resignación, contra la indiferencia de clase y contra todo sentimiento que busque alienar el corazón del ser humano. Por eso, no tiene razón de ser, abandonar los ideales, para formar parte de los vivos, que existen sin alma, cuando se puede ser guerrero del optimismo y ganar más.
P. Luis Alberto De León Alcántara











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