Leyendo un interesante artículo de Ramón Antonio Veras me permito llevarles estos necesarios consejos.
“Cuando una sociedad llega a un determinado grado de descomposición social, moral y político se deben hacer los necesarios esfuerzos para que los vicios que la corroen no penetren al seno de la familia”.
Hay que educar a los hijos como hombres que puedan llegar a ser ciudadanos dignos, ejemplares y en los cuales el país pueda confiar. Creemos que el seno familiar hay que convertirlo en verdadero laboratorio social en el que se sometan a debate los problemas de toda índole; conservar el respeto y la disciplina familiar; a los hijos hay que educarlos en la casa, no dejarlo todo a merced de la escuela o colegio. Pero para darles una educación ejemplar los padres tienen que dar el buen ejemplo y aceptar que los hijos les reprochen los malos actos. El reproche de un hijo es la sanción más severa que un padre puede recibir por una mala actuación.
No ignoramos que la familia como categoría histórica está influenciada por el sistema social dominante, lo que no quiere decir, en modo alguno, que tenemos que dejar que los vicios penetren a todos los hogares. Los procesos de índole material y espiritual que influyen en la familia tienen que ser orientados en forma tal que el resultado sea el que más convenga a todo el conjunto familiar.
Entre padre e hijo debe existir una relación fraterna de amor, comprensión, amistad y plena confianza mutua.
Los hijos con padres indignos no están obligados a seguir su ejemplo, pero sí a censurar las actuaciones de sus padres.
El Padre Gregorio Mateu dice: Es preciso abrir futuros de esperanza a las familias.
Lo que más pesa en la vida familiar es la falta de amor.
En todo hogar tenemos que proyectar sonrisas, acogida, cordialidad, ternura entre esposos, padres e hijos y entre hermanos.
Los esposos que siguen a Cristo suelen ser valientes, viven la realidad, conocen los problemas, saben de las dificultades de la vida, pero no tienen miedo a asumir sus responsabilidades frente a Dios y delante de la sociedad.
El Papa Francisco ha destacado recientemente que la familia que reza, que conserva la fe, es una familia que vive la alegría. Una buena familia debe rezar con sencillez, viva con austeridad y que sepa compartir lo suyo con los más necesitados.
Recomienda a las familias a conservar la fe y “no en una caja fuerte”, sino en el clima hogareño.
Si falta el amor de Dios la familia pierde la alegría.
Dios sana nuestras heridas con la ternura de una madre, la dedicación del padre, la compañía de los abuelitos, la ayuda de los maestros, el ánimo de los pastores del alma y la solidaridad de la comunidad social.
Bendiciones del Señor!











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