Hace unos días apareció una noticia que no tiene desperdicio: según la Asociación de Granjas Porcinas, el salami lleva nada menos que catorce años poco menos que viudo, haciéndose con desperdicios cárnicos llamados MDM (Mechanically Deboned Meat) que no merecen ser catalogados ni siquiera como carnes, sustituyendo las de res y las de cerdo por vísceras de vaya usted a saber de qué tipo de animales, por huesos y tuétanos triturados que bien pudieran ser de algún mamut de esos enterrado hace miles años entre los hielos eternos de Siberia, y de piel de pollo, que es justamente la que se recomienda no comer por esas cosas modernas del colesterol y los trigilicéridos, que nos dañan la poca salud que nos va quedando.
Todo esto en perjuicio de un consumidor manso que, hasta ahora, ha tenido también muy pocos prejuicios en saber qué come, y por qué le permiten comer lo que se come, si a eso se le puede llamar comida. Si lo anunciado es verdad, hace mucho o hace poco que alguien debería haber dimitido por vergüenza propia, o a alguien deberían haber destituido de manera vergonzosa, y a muchísimos deberían haber multado, apresado o cerrado el negocio productor y expuestos a la vergüenza general de los demás.
Otra noticia sin desperdicio: han detectado azúcar con arena en su contenido, que a partir de ahora podría ser otra variedad más barata llamada ¨ Azuacarena ¨. No sabemos si esa arena proviene de las bellísimas playas brasileñas, donde una hermosa mulata en tanga podría haber sentado sus generosas y bronceadas posaderas, o si proviene de las selvas del inmenso Mato Grosso, en las que un jaguar podría haberse revolcado en ella.
Lo que sí sabemos es que es una burla a la salud del consumidor, además de ser una forma de ¨ rendir ¨ el contenido, el peso y la rentabilidad del producto a favor de comerciantes sin escrúpulos. Ahí están a las greñas los actores implicados, una casa importadora reclamando al suplidor que le vendió el producto adulterado, y Proconsumidor diciendo que aduanas debería haberle impedido la entrada a esa mercancía, y así comienza otra partida del ping pong de las responsabilidades, hasta que al final el asunto se maree, se olvide o le echen la culpa un pobre triciculero que pasaba casualmente por allí.
En este caso, también alguien debería también haber dimitido, alguien debería ser destituido o alguien debería acabar sancionado.
La tercera noticia sin desperdicio es que se podría estar ahumando y curando, por lo bajito, un anteproyecto para que el jamón que tanto le gusta al dominicano, y que por ley debe estar elaborado sólo con pernil y nada más que pernil, la suculenta pata trasera del cerdo, pudiera contener también el ya mencionado MDM, hecho con desecho de tripas huesos y pieles, con lo que obtendría un nuevo producto, menos nutritivo, que bien podría denominarse Jamón de M. ¿Hasta dónde queremos llegar con la avaricia de ganar más a costa de los demás? ¿Hasta cuándo el sufrido consumidor dominicano va a tolerar todas estas barbaridades en detrimento de su ya limitada alimentación? ¿Vamos a comer ahora aquellas piltrafas que antes se daban mezcladas con harina a los perros?
A ver si el nuevo gobierno deja atrás las antiguas medias tintas, el amagar y no dar, lo de decir y no actuar, lo de guerra avisada no mata soldado, y hace lo que tiene que hacer: el DDD, o sea, Desviscerar, Deshuesar y Despellejar a quienes nos engañan tan arteramente con los alimentos.
Parece que en plena la era del conocimiento, se sigue dando eso de el que hace la ley, hace la trampa, pero en la versión más sofisticada de el que más conoce, trampea al que menos sabe. Siempre ha habido y habrá vivos inteligentes. ¡Y lo listos que son ahora!









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