
De todas las fiestas que celebramos la más enternecedora es la que dedicamos a las Madres, es un día exclusivo para festejarlas, pero sería más grato que todos los días le habláramos con ternura, amor, respeto, que debemos reconocer sus sacrificios, su dedicación y abnegación. ¡Cuántas lágrimas y trabajo sufren muchas madres para sobrellevar esa noble misión de la maternidad!
Si tienes a tu madre aún viva no olvides que ella es el refugio de tus penas, te fortalece con amor en tus momentos difíciles y es el único ser que se mantiene con los brazos abiertos para consolarte, fortalecerte y siempre dispuesta a perdonarte; aunque estés cerca o lejos tendrás esa oración materna que te acompañará invocando al Señor, para que derrame sus bendiciones en tu vida, para que triunfes en tus proyectos y sean seres útiles a la sociedad.
Reciban en su día un hermoso ramillete, cuyas flores tengan la fragancia de admiración y amor; y una sentida oración a las que, como mi madre, descansan en la Paz del Señor.
QUIEN ERES TU MUJER
Un cuerpo que merece respeto: La belleza de la mujer es un reflejo de la infinita perfección del creador. No es posible amar el cuerpo si se desprecia el espíritu. La belleza física es más consistente cuando va acompañada de la rectitud moral.
Amor y sentimientos: La mujer no es un objeto. Siente, ama, sufre. Hombre y mujer unidos podrán calmar las tormentas. La vida perdería su encanto si la mujer se olvidase de su feminidad.
La mujer y la vida: Nada en el hogar escapa a la mirada de la mujer que sabe ser esposa y madre. La esposa es el apoyo de aquel a quién ama. En toda mujer hay entrañas de madre. Las cosas más pequeñas de la vida tienen gran importancia para ella.
El y Ella: Hombre y mujer necesitan amar y ser amados. No son seres rivales, sino complementarios. La aceptación mutua es el camino hacia la reconciliación.
Quién eres tú mujer?
Compañera, esposa y madre, ternura, detalle y oración, sensibilidad, comprensión y belleza. Eso eres tú, Mujer!
(J.M. Díaz)











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