El relativamente corto pontificado del Papa Juan XXIII (1958-1963) dejó huellas imborrables en la Iglesia. No sólo porque tuvo la astucia de convocar y materializar un Concilio, que ya había sido intentado por varios pontífices anteriores a él, sino por haber dejado en su legado documentos tan importantes en la enseñanza de los papas, como ha sido su encíclica “Mater et Magistra” (Madre y Maestra).
Más que un título de un documento, la Iglesia a lo largo de su historia, ha ejercido verdaderamente el papel de ser una verdadera madre y una maestra de la humanidad. Detengámonos sobre esta última: la Iglesia maestra.
En la teología del preconcilio (1965), se intentó de diversos modos, justificar una división entre la “Iglesia docente” y la “Iglesia discente”, es decir, se propugnaba por la existencia de una Iglesia que enseña y otra que escucha. El Concilio Vaticano II, impulsado por el Papa san Juan XXIII, superó esta propuesta: en la Iglesia todos tenemos una misma dignidad, aunque diferentes funciones. El ejemplo más típico de esta igualdad se refiere a la fe: es tan necesaria al Papa la fe para su salvación, como para el más recientes de todos los bautizados.
Es verdad que al Papa y a los Obispos les corresponde, como primera responsabilidad, custodiar las Sagradas Escrituras e interpretarlas, pero al mismo tiempo, es tarea de ellos, igual que todos los fieles, el servirla y obedecerla. Así lo declaró con verdad meridiana, la Constitución Dogmática Dei Verbum 10, cuando afirmó: “La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida. Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer”.
La Iglesia está adornada por dones y carismas, los cuales sostienen la unidad en la diversidad de funciones y ministerios que el Espíritu Santo le otorga. Por tanto, el papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas por su función, presiden la “Iglesia docente”, sin embargo, por su bautismo, son parte de la “Iglesia discente”, es decir, de la Iglesia que escucha (“oyente de la palabra”), como gustaba decir a Karl Rahner, el más grande de todos los teólogos del Siglo XX. De esto se desprende que, la Iglesia toda es “docente”, porque el oficio de enseñar es relativo al ser testigo de Cristo en el mundo.
Como consecuencia natural, ningún cristiano está liberado de la misión evangelizadora y docente que le confiere Nuestro Señor Jesucristo. De aquí que, como van a decir los obispos de América Latina en Aparecida, Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano, todo cristiano es un “discípulo – misionero” porque, a través de su fe, ha de aprender del Maestro y enseñar al Maestro y su doctrina.
Por tanto, si hablamos de docente, en su sentido lato, la función de enseñar no está reducida al maestro en el aula de clases o al Magisterio del Papa y los obispos en su rol de custodios de la fe ni siquiera al del sacerdote en su homilía o del catequista, sino al modo de vivir de todos los cristianos: al padre frente a la fe de sus hijos, al patrón ante su empleado, a la dueña de casa frente a su servicio, al chofer frente a su pasajero y viceversa. La fe se vive y se enseña y ningún cristiano queda exento de esta responsabilidad docente.











Discussion about this post