La escuela es el lugar idóneo para que el niño descubra, desarrolle o potencialice las habilidades que ha adquirido desde el hogar. Su tarea principal es propiciar un entorno donde este pueda explorar, descubrir, conocer y así comprender lo que sucede a su alrededor. Pero, si el niño es un receptor pasivo tendrá serias dificultades para adquirir dichas destrezas.
La pasividad escolar es la principal barrera para desarrollar competencias, pues un niño que no se integra a las actividades propuestas en el desarrollo del proceso educativo, rara vez alcanza altos niveles de comprensión. Es un estudiante que no opina, prefiere mantenerse al margen de las discusiones, se conforma con lo que dicen los demás y acepta toda información sin refutar. Aunque no busca ningún tipo de problema, tampoco tiene las habilidades para resolver los que les presentan. Además, pueden ser presa fácil de los acosadores por su alto grado de vulnerabilidad y la poca capacidad de afrontamiento que poseen.
En un currículo basado en competencias es de importancia capital el desempeño del discente en los distintos momentos de la clase. Si el estudiante no juega un rol activo en el proceso de enseñanza aprendizaje no puede adquirir las habilidades y destrezas que le harán competente en los distintos espacios, no solo el académico. El niño que es diligente, activo, colaborador…es capaz de sobrepasar las expectativas del maestro. Hay niños que desde antes de preguntarles ya tiene las manos levantadas para ofrecer sus aportes; mientras que otros nunca están dispuestos a participar en clase, les cuesta hasta decir presente, no se dejan sentir y, por ende, su producción es escasa, salvo algunas excepciones.
Resulta cuestionable escuchar constantemente en los espacios áulicos, resaltar como fortaleza el hecho de que un niño es bueno porque es tranquilo, no molesta ni causa problemas. Esto, lejos de ser una fortaleza es un aspecto a mejorar, ya
que el no involucrarse de manera activa limitará su aprendizaje. No es lo mismo sentarse a escuchar una explicación que involucrarse en las actividades que propone el facilitador para descubrir el aprendizaje que nos puede proporcionar el contenido en cuestión.
Diversos autores coinciden en destacar que el aprendizaje activo es fundamental para contribuir a un aprendizaje de calidad, que ayude a los estudiantes a convertirse en mejores profesionales, a aprender mejor y a comprometerse más firmemente con su aprendizaje. Por tanto, es fundamental otorgar un papel activo al estudiante, si la intención es que aprenda.
El maestro debe evitar en clase estas conductas estáticas e indiferentes mediante la implementación de estrategias que activen el interés de los alumnos y los encamine hacia logro de los indicadores que propone cada contenido curricular. Para esto dentro de su planificación debe incluir actividades y estrategias que propicien la participación de todos, como son: demostraciones, lluvias de ideas, panel de discusión, debate, lectura compartida, inferencias, analogías, análisis crítico, discusión estructurada, reflexiones escritas, estudio de caso, mesa redonda, entre otras. Las mismas deben ser cuidadosamente planificadas y socializadas con los alumnos explicando cuál será su rol en cada espacio para evitar puedan salirse de control.
Si queremos estudiantes competentes hay que cambiar la obsoleta tradición de mantenerlos tranquilos para evitar indisciplina, por el contrario, mientras más se integran en las actividades mejor fijarán los contenidos y mayor será su productividad. Démosle la oportunidad de descubrir cuan significativos pueden ser sus aportes tanto para ellos como para sus pares.
La autora es Licenciada en Educación Mención Filosofía y Letras y Facilitadora de la Formación Profesional. En la actualidad cursa estudios de cuarto nivel en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español; además de Psicología Escolar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Recinto San Francisco. Se desempeña como docente de secundaria del Ministerio de Educación de la República Dominicana (MINERD) y facilitadora del Instituto Nacional de Formación
Técnico Profesional (INFOTEP) en las áreas de Ortografía y Redacción de Informes Técnicos.











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