Históricamente las crisis económicas han sido producto de desequilibrios en los mercados de bienes y financieros como la que se denomina la primera crisis económica mundial o gran depresión del año 1929, guerras como la que se genero a partir de la primera y segunda guerra mundial, devaluación del dinero antes y luego de la segunda guerra mundial.
Pero por primera vez un fenómeno de salud como es actualmente del Coronavirus, produce una parálisis mundial sin precedentes, ni siquiera se puede comparar con el cólera que en el siglo XIX produjo estragos en importantes zonas del mundo. Una crisis que las estimaciones de medición al inicio de este fenómeno se quedaron cortos en términos de las consecuencias en el ámbito de la economía global.
Para este año 2020 desde el año pasado se pronosticaba efectos recesivos en la economía mundial, pero lo que era impredecible es que de la noche a la mañana se produciría una pandemia que rompería con todos los parámetros de medición de la evolución de la economía global y precisamente un virus que comienza a producir efectos expansivos en China se propaga rápidamente por todo del mundo, poniendo a jaque a los gobiernos, las empresas y las familias.
Todo este fenómeno de forma inmediata a producido la caída estrepitosa en los índices de las bolsas de valores, precios de las materias primas, sobre todo el petróleo, como resultado de la rápida reducción de la demanda, caída del flujo de turismo en todos los países por la prohibición de los viajes entre países para evitar la propagación de del virus
Si se compara la situación actual con la crisis del año 2008, la más reciente a nivel mundial, podemos sacar algunas conclusiones. Lo cierto es que la crisis del año 2008 que se inició como crisis del sector inmobiliario en Estados Unidos por exceso de demanda de viviendas financiadas que generaban hipotecas y esto generó en cadena problemas en todo el sistema financiera y a la vez por el efecto domino en todo el sistema económica de este país, contaminando al resto de la economía mundial, sobre todo a los países europeos.
Lo primero es que la crisis del año 2008, tuvo más efectos como ya hemos señalado en los Estados Unidos y Europa no tanto así en Asia, América del Sur y en otras partes del mundo. Estos países retornaron a partir de esa crisis al modelo de intervención del Estado en la economía a través del aumento del gasto público como principal pilar según las recomendaciones propuestas por el economista inglés Keynes, considerado como el creador de la macroeconomía, para enfrentar las crisis que se generaron en la crisis del año 1929, así como durante y posteriormente a las guerras. Esta intervención del Estado tanto en Estados Unidos con la intervención de la Reserva Federal y recursos del presupuesto público como en Europa con la intervención del Banco Europeo para amparar los bancos y así subsanar y contribuir a la recuperación del sistema financiero y por vía de consecuencias la recuperación de la economía en su conjunto, a partir del estimulo de los mercados no solo financiero, sino también de valores y de bienes y servicios.
Lo cierto es la crisis genero una situación muy difícil tanto en términos de demanda como de desempleo llegando este ultimo a limites irresistibles particularmente en Estados Unidos, Italia y España y para fines de su recuperación esto requirió de entre 5 y 8 años.
Ciertamente en el corto plazo la crisis que ha generado el coronavirus tiene una repercusión muy preocupante tanto en término de los mercados de bienes y servicios y financieros, pero sobre todo en términos del empleo. Pero la buena noticia es que los países podrán recuperarse más rápido que la anterior del año 2008, en virtud de que inmediatamente cesen los efectos de esta pandemia, los mercados aunque lentamente volverán a recuperarse lo que se presupone que vamos a tener unos meses difíciles, pero según estimaciones del Fondo Monetario Internacional y otros organismos mundiales, para el año 2021 ya se habría recuperado la economía mundial de los efectos de la actual pandemia.
Es que el hecho de que la pandemia ha producido niveles de conciencia en los Estados y la sociedad mundial permite producir sinergias que necesariamente deben impulsar alternativas a la salida con más celeridad de la crisis.
Apostemos a que tanto los empleados y emprendedores el tiempo de receso le permite generar energías e ideas innovadoras para ser más productivos y enfocados cuando se reanuden las actividades tanto del sector productivo, servicios, educación, entre otros. También a partir de la experiencia vivida las personas tendrán por necesidad de crear conciencia para que creen el hábito de prevención en salud, el cuidado para no enfermarse y eso se traduce en ahorro de recursos tanto desde el punto de vista del Estado como de la economía familiar.
Debemos convertir este problema en una oportunidad, para priorizar en términos de nuestros gastos de consumo y de inversión y entender que el bienestar familiar es lo más importante y que se expresa en una relación alimentación, educación, buen estado de salud y que en la medida que planificamos mejor nuestro presupuesto podemos proporcionar a los miembros de la familia satisfacer estas necesidades como la recreación y la socialización. También ver la ayuda a un familiar, vecino, amigo o hasta un desconocido como una oportunidad para tener una mejor sociedad.











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