La deuda es hoy un elemento de preocupación ante un escenario internacional de mucho riesgo debido a la guerra en Ucrania y el endurecimiento de la política monetaria de los principales bancos centrales del mundo ante una pulseada seria contra la inflación. República Dominicana, país que ha prorrogado un ajuste fiscal para hacer frente a los continuos déficits fiscales, debe surfear la coyuntura con bastante cautela ante un recorte de las proyecciones de crecimiento de 6.0% a 5.5% durante el año 2022 y una desaceleración mundial del crecimiento.
La estrategia de deuda del actual gobierno, al igual que en los pasados, se centra en confiar que un mayor crecimiento de la actividad económica se traduzca en capacidad de pago de los compromisos de deuda. Este dejar pasar, aunque ha generado una salida, no contiene el riesgo inminente de mayores compromisos de deuda que solo pueden ser resueltos con una reforma fiscal que eleve las recaudaciones y contenga el gasto superfluo a través de una ley de responsabilidad fiscal.
La deuda consolidada fue de US$59,201.6 millones a diciembre de 2021, un 14% más elevada que a inicio del periodo gubernamental 2020-2024. Varias razones han determinado este incremento, entre ellas la pandemia que implicó la erogación de RD$158,259.4 millones de abril de 2020 a diciembre de 2021 para apoyo a las familias y empresas ante la caída de la actividad económica y el empleo.
Por otro lado, la deuda del Banco Central en lugar de reducirse por la aplicación de la Ley No. 167-07 de Recapitalización del Banco Central, ha crecido un 25.0% desde septiembre de 2020, incrementando los riesgos a futuro de la entidad monetaria que se ha mostrado incapaz de solventar esa deuda y se ha visto en la necesidad de emitir más títulos valores para pagar solo los intereses de la deuda asumida. Cabe destacar que esta deuda cuasi fiscal ascendente a US$13,901.2 millones a diciembre de 2021, surgida del mal manejo de la crisis bancaria de 2003 donde se hizo un salvataje indiscriminado de ahorrantes que hizo duplicar la base monetaria incrementando la inflación un 42.66% en 2003.
Ante un escenario internacional cada vez más incierto e inseguro en las perspectivas de crédito internacional y el retorno a las elevadas tasas de interés de la política monetaria de los principales centros financieros mundiales y las entidades monetarias de los países avanzados, los riesgos de una deuda elevada en países en vías de desarrollo pueden constituirse en un problema de financiación de las necesidades de financiamiento del Estado dominicano. Esto se agrava por el poco espacio fiscal disponible ante un fuerte gasto durante el año 2020 e inicios de 2021, debido a una política fiscal expansiva para apoyo presupuestario a hogares y empresas durante la pandemia.
Existe un restringido espacio para activar el gasto público en República Dominicana actualmente, debido a la rigidez de éste, las limitadas capacidades recaudatorias por elevados gastos tributarios, evasión y elusión impositiva; lo que deja sin mucha capacidad de respuestas al país para afrontar por largo tiempo la escalada de precios a través de subsidios a la producción y el consumo que el gobierno está implementando para un horizonte de tiempo de seis meses. Es improbable que desaparezcan los factores geopolíticos y económicos postpandemia que gravitan actualmente en la inflación internacional debido a que no se avizoran soluciones fáciles al conflicto en ucraniano.
De continuar la guerra, persistir las disrupciones en el transporte de carga internacional y encarecerse en consecuencia el acceso al crédito internacional y local, es probable que haya que recurrir a medidas de políticas fiscales que impliquen más restricciones para las finanzas públicas. Todo lo anterior con un ajuste económico muy adverso para las familias de escasos recursos que son las que están actualmente más en desventaja al ver diluir su poder de compra y empobrecerse por efecto de menor capacidad de demanda de bienes y servicios de primera necesidad.











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