Cada año, el último domingo de mayo, en nuestro país celebramos el día de las madres. Agradecemos a Dios por regalarnos a un ser tan especial, capaz de entregarlo todo y quedarse sin nada. Un ser humano que, desde su condición humana y limitada, tiene la fuerza y la voluntad de ofrecer siempre el máximo por sus hijos. Esta y otras razones, nos mueven a reconocerla con canciones, gestos y detalles, porque como dice mi madre: “Madre es madre, aunque sea de cartón”.
Pero los tiempos han cambiado. Mientras por un lado elevamos acción de gracias por ellas, por el otro, una gran cantidad de mujeres alrededor del mundo, se acercan a los hospitales o se dirigen a una clínica para realizarse un aborto, optando por eliminar una vida que comienza a formarse en su interior. Algunas lo justifican diciendo que es su cuerpo, o que no están preparadas para convertirse en madre. Hay quienes incluso, toman esta decisión porque entienden que traer una criatura a este mundo, ya pasó de moda, ya no es una prioridad en el mundo “moderno” que habitamos.
Por eso, hoy es frecuente observar un cuidado excesivo en ciertas mujeres a nivel físico, no solo cuando van constantemente al gimnasio, al visitar un spa, sino cuando siguen los consejos de una cosmetóloga para mantener su belleza, al realizar lo que dice una nutricionista para mantener un peso ideal, logrando así sentirse cómodas y seguras en sí misma. Y aunque esto no sea dañino literalmente, sí puede llevar a las mujeres a creer que su naturaleza femenina y sobre todo, ser madre, no es un don, sino un error en su modo de vida, porque saben que tarde o temprano, la cara se arruga y los años pasan.
Hay que dejar claro que concebir una criatura, llevarla nueve meses en su vientre y luego traerla a este mundo, jamás debe ser visto como esclavitud o deshonra por parte de la mujer. Además, no puede considerar su condición biológica como una maldición ni mucho menos un rasgo que la hace inferior a los hombres. Porque si dicho pensamiento fuera real y verdadero, entonces Dios nos engañó, ya que en vez de crear una compañera para su esposo, hizo una sirvienta, una sumisa, diseñada para someterse al hombre en todos los momentos y circunstancias que él lo necesite.
Pues no, la mujer no es un objeto ni un simple instrumento sexual, utilizado para llenar vacíos y satisfacer caprichos. Al contrario, ella es fruto del amor de Dios. Creada para amar, dar vida y servir, colocada en el mundo para embellecer a la sociedad. Por tanto, su rol como madre, no ha pasado de moda, precisamente porque ser madre no es una moda, es un compromiso y una responsabilidad con la continuidad de la humanidad. De aquí que cuando una mujer acepta llevar un niño en su vientre, aunque sea considerada en el pensamiento actual como una retrógrada, está diciendo que asume este reto, cueste lo que le cueste, no solamente lo hace por un principio o por un valor personal, sino para recordarnos que con la vida comenzó todo…











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