La salud mental es una pandemia silenciosa que habita en miles de hogares de la República Dominicana. Muchas veces no se ve, no se nombra y no se entiende, pero está ahí, afectando profundamente a quienes la padecen y a sus familias.
Vivir de cerca lo que es la depresión me marcó para siempre, porque me tocó verla en mi propia madre. Conocí la ansiedad, la desesperación, el miedo constante a la muerte, la culpa y las preguntas sin respuesta: ¿por qué me sucede esto?, ¿qué hice para merecerlo?, ¿esta enfermedad me acompañará toda la vida?
Como hija, viví cada crisis, cada temor y cada dolor, porque mi madre lo sintió todo. Desde esa experiencia escribo estas líneas. El año pasado relaté detalladamente ese proceso en un artículo titulado “La Depresión: más allá de Poner de su Parte’”, porque comprender esta enfermedad exige mucho más que frases vacías.
Hoy, 13 de enero, cuando se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, escribo para que aprendamos a acompañar a quienes la padecen. Mostrarles que buscar ayuda profesional es fundamental; escucharlos sin juzgar es crucial; hablarles desde el amor y la empatía vale oro. Decirles que no están solos en este proceso puede marcar la diferencia.
Padecer una enfermedad de salud mental no significa estar “loco” ni ser una persona desequilibrada. Es una condición como cualquier otra, que puede ser tratada y atendida y que, hoy más que nunca, debe ser comprendida sin prejuicios.
No lo olvidemos: buscar ayuda es un acto de valentía. Hagámoslo por nosotros, por nuestros hijos y por quienes aún tienen miedo de hablar. La depresión es una enfermedad silenciosa que puede afectar a cualquier persona, pero con apoyo, información y acompañamiento, también puede enfrentarse.











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