Durante los 33 años que vivió Jesucristo, planteó una forma inconfundible de cómo él prefería que fuese el manejo de la cosa pública. Constreñido por una estructura de imperio reinante en su época, donde grupos muy apegados a las leyes y tradiciones antigua disponían del manejo de todas las estructuras de gobierno.
La ley era llevada y manejada a situaciones en que el ser humano no contaba con dignidad propia. El hombre no era sujeto a sus acciones, era objeto de la ley. En ese mundo aparece un hijo de carpintero, que, con un carácter intrépido comienza a plantear la composición de una nueva estructura social cuyo eje programático sobre poner al hombre en dignidad, encima de cualquier estamento legal y místico, que los inutilizara.
Rompe con todo un sistema, que no tenga la justicia, como primer plano, justicia, que se definía como dar a cada uno, lo que lo que le corresponde. Crítico duramente al avaro, al explotador, al que le roba al pobre e indefenso, al que se nutre de los bienes comunes.
Críticas que sobrepuso diciendo que los que actúan así no heredaran el reino de su padre. Un reino que contrapuesto a ese será de bienestar total. Lógicamente lo extrapola al futuro construyendo un proceso que él mismo definió como una esperanza en fe.
Con ese proyecto en piel elige un gabinete de 12 hombres, que desde luego serían los proyectores de esa tarea constitutiva del reino. Pero dentro de ese grupo comienza la disputa interna por los cargos y la principalía, acción que él detiene, planteando que quien quiera ser, primero que se haga servidor de todos. El conflicto paralelo de los grupos opositores a su práctica lleva uno de los suyos, en un momento crítico a venderlo para por 30 monedas y así entregarlo a sus contrarios.
¿Tenía estructura el plan de Jesucristo? Sí, pero para qué, para que esa estructura siguiera lo que el como Maestro propuso, luchar por la igualdad, por la justicia, por la paz, por la formación de un hombre de respuestas integral ante los acontecimientos del mundo. Esos hombres tienen una definición y deben llamarse cristianos.
Cuestiono el hecho del divisionismo, de la indiferencia, de la contaminación de esa doctrina, donde se anteponen las ganancias, las grandes construcciones, los ritualismos, el afán de poder… Entonces ante la negativa de sus discípulos a seguir lo enseñado por su líder Jesús, las sociedades no construyen desde esa perspectiva en un mundo creador de esperanza, pues son iguales a los grupos que se oponían a Jesucristo y a su proyecto.
Buscadores de poder, ambiciosos, mentirosos, injustos, vividores de los más pobres, cobardes, unidos a otros poderes. Le hemos dado la espalda al proyecto de Jesucristo, las fuerzas negativas han entrado a la morada del templo de Dios.
Siendo así nos queda a los llamados “cristianos”, un pedir perdón, primero al líder Jesucristo, segundo a la sociedad y al mundo, por seguir vendiendo su proyecto al mejor postor.
Ojalá que los llamados cristianos reaccionemos con firmeza ante la barbarie de los que se siguen destruyendo el proyecto de Dios dado en Jesucristo, es por esto que hoy todos debemos sentirnos fracasados ante un proyecto que debe encarnar la formación, educación y atención a los mas necesitados, tanto materialmente como espiritualmente.











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