A propósito de la Feria del Libro
En este primer encuentro, debo “poner mis palabras del lado de la vida”, como dijo el poeta René del Risco Bermúdez; y “revisar cuidadosamente las páginas bordadas por traviesas letras”, como escribió Ricardo Rojas Espejo; de cada libro que leo de este basto mundo, anquilosado ya de ilusiones.
La lectura; puerta, umbral, entrada, es uno de los procesos más interesantes que pondera el ser humano. El acto de leer es un medio de comunicación y expresión lleno de significados y con unos elementos de la realidad concreta y abstracta que conlleva a una interpretación o simplemente a una referencia.
La lectura como tal, con sus aspectos comprensivos y de intercambio de ideas corresponde a una gran mayoría, que difiere de su uso pero no de su empleo. Leer no constituye un bien de por sí, si esto no se traduce en un lector consciente, que adquiera evolutivamente una visión caleidoscópica (siempre quise decir esa palabra) y dialéctica, una posible extrapolación o síntesis del escrito con su realidad. Los libros, textos de diversas índoles y los llamados textos virtuales, son como tales libros o textos, somos nosotros (los lectores) los que complementamos la función esencial del mismo y damos junto al autor el significado o significados que comprendan. Por eso los libros agradan según el tipo de persona, dependiendo de la edad e intereses, ya que los mismos cubren todos los campos del quehacer humano.
El libro es un objeto de transmisión cultural, social, educativa, espiritual, psicológica, política, etc., que determina ciertas inclinaciones subjetivas en unos y el carácter objetivo y didáctico de otros, dependiendo en todo caso del autor y el tema.
Cada año en nuestro país se celebra en Santo Domingo la Feria del Libro, acogiendo lectores y escritores nacionales e internacionales; ofreciendo a través de librerías, editoriales e instituciones, y del mismo Ministerio de Cultura, una gama de libros y actividades propias de esta gran fiesta, donde se dan cita escuelas y colegios, así como talleres y círculos literarios.
San Fco. de Macorís tiene una buena acogida en dicho programa cultural y mantiene una constante participación de escritores y otros artistas de la provincia; en esta ocasión cabe destacar que el espacio “Tribuna Libre” llevó el nombre del escritor francomacorisano Héctor Amarante, donde se realizó
un coloquio a cargo de Cayo Claudio Espinal, Noé Zayas y Martín Paulino, llamado “Héctor Amarante, el crítico y novelista”.
También el Círculo Literario Ricardo Rojas Espejo dijo presente, siendo invitado especial al Pabellón de Autores Dominicanos que dirige Valentín Amaro, donde celebramos el valioso hecho de que uno de sus integrantes, el Ing. Javier Rodríguez Diloné, obtuvo una mención en los actuales Premios Radio Santa María; definiéndose así en nuestra ciudad la construcción de un legado literario de alta calidad.
Dentro del mundo de los libros están los llamados lectores comprometidos; aquellos que hacen del acto de la lectura una evidente transformación y que van adquiriendo un matiz definido para generar una convicción o afirmación de la vida, en la búsqueda de respuestas y soluciones que devengan con el tiempo. Este lector es capaz de construir su propia ética humana para conciliar fuerzas contrarias y equilibrar circunstancias adversas en la imperante realidad diaria y propia.
La gran fiesta del que lee más libros no es más que la gran farsa de la glotonería intelectual (egos intelectus) y no constituye por sí misma una trascendencia ni la calidad de las relaciones con los demás. Los llamados a usar el libro como muletilla o de entresacar reiteradamente frases de afamados autores para lucir o brillar más de la cuenta en un encuentro, no es más que de energúmenos de la memoria. Por otro lado están sus contrarios, los que no leen casi nada, o nada, que si no los mata la ignorancia los mata la pereza…
Para finalizar es preciso destacar que la literatura es la que mejor se nos presta como medio de unificación y arma de voluntades, ya que es el tipo de lectura que comprende los asuntos mas variados; y todos o casi todos los contrastes más elevados del encuentro del ser humano consigo mismo y con los demás, con todo lo que vive y le rodea; claro, dependiendo el autor, la obra, la época… La literatura, arte de la palabra, es la consolidación de un posible mundo, y su impresión en páginas de grafías diversas perpetúa la existencia humana. La lectura como acto liberador revoca de manera significativa en todo lector, siempre y cuando sea una lectura dirigida y a la vez espontánea, impregnada del placer que la misma provoca.
La autora es poeta y actriz, estudiante de Filosofía y Letras en el CURNE y coordina el Círculo Literario Ricardo Rojas Espejo.










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