Los millennials o nacidos en la generación Y, como se les conoce, seguramente recordarán la serie famosa: “Los guardianes de la bahía”. Un grupo de jóvenes rescatistas colocados en una playa pendientes en ayudar a las personas cuando se estuvieran ahogando. Generalmente, los guardianes vigilaban desde una torre de control y al momento de presentarse el peligro iban solos o pedían auxilios a los demás compañeros para rescatar a quienes lo necesitaban.
Hoy también tenemos guardianes en los hogares. Padres, madres y abuelos que se preocupan por sus hijos y nietos. Hombres y mujeres que lo están observando todo a cada instante para salir en su ayuda de forma desesperada. Aunque en el fondo esto no está mal, porque es parte del instinto humano y familiar. Siempre queremos salvarle la vida a la prole, buscar la forma de mantenerlo a salvar a toda costa.
La lista es interminable de cómo los padres y los abuelos quieren pasarse la vida completa salvándole de cada situación a sus descendientes para sentirse seguros de su papel protagónico en este mundo. Esto sucede especialmente, cuando ocurre un accidente en un motor por falta de la prudente de un joven, llevando a que sus familiares tengan que buscar dinero rápido para resolver el problema; igual sucede con la adolescente embarazada, cuyos padres asumen la manutención de la criatura, por la incapacidad del padre y la madre.
Ahora bien, nunca está de más cuestionarse ante esta realidad. Hacer resonar nuestras preguntas, tales como: ¿reconocen los padres y abuelos la consecuencia que trae vivir de manera permanente socorriendo a sus hijos?, ¿a qué se debe la dependencia de los hijos y nietos a los salvavidas?, ¿puede la juventud de hoy en su mayoría, valerse por sí misma?, ¿a qué le tienen miedo hoy los padres y abuelos que no dejan que los hijos y nietos alcen el vuelo sin necesitar de ellos?
En definitiva, la vida es para madurar y crecer. Así como el sistema de emergencia 911, los hospitales, la defensa civil, entre otras instituciones y grupos humanitarios están para ayudar a los seres humanos cuando se presente una necesidad momentánea, de igual modo están los padres, con la aclaración que los hijos deben ir haciéndose responsables de sus actos y acciones.
Por eso la sabiduría humana no se equivoca, pues como decía Pitágoras: “Educad al niño y no será necesario castigar a los hombres”. También lo dice el antiguo proverbio chino: “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Esto significa que en la vida real y concreta, donde todo es posible que suceda, a los hijos no se le debe llenar la maleta de provisiones para cada ocasión, sino enseñarle hacer fuerte en cada circunstancia y momento en el que se encuentren, y aunque tengan que derramar lágrimas por los golpes de la vida, hay que dejarlo que se defiendan solo, para que mañana sean fuertes y decididos.











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