Como de costumbre, anualmente un equipo técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI) visita el país para conocer de fuente directa y con datos a mano, sobre las condiciones macroeconómicas de la economía del país. Este equipo técnico tiene el encargo de hacer una evaluación general sobre la economía real, las finanzas públicas, la balanza de pagos y el sistema financiero nacional. Toda esta evaluación se enmarca en los compromisos que asume todo país miembro del FMI en el marco de lo que se ha dado en llamar el Articulo IV del convenio de constitución de esta entidad internacional.
Varios puntos son resaltables de la primera declaración del escueto informe del FMI que se estila antes de presentar uno más amplio después de cada misión: la economía dominicana tuvo un crecimiento económico importante, lo que revela su capacidad de resiliencia ante un escenario internacional adverso; el crecimiento estuvo cimentado en el turismo y la construcción, superando el país las visitas de turistas de 2019; el sector externo se fortaleció en el resultado del déficit de cuenta corriente por remesas e inversión extranjera y un sistema financiero estable que continua en apoyo a las actividades productivas.
En cuanto a las perspectivas de la economía, el FMI indicó que cree firmemente en que los objetivos de crecimiento de 5.0% se alcanzará, lo que refleja la convergencia con el crecimiento potencial estipulado por las autoridades económicas. Las condiciones de la economía norteamericana incidirán en el ciclo productivo nacional, por lo que hay que estar al acecho del mercado laboral norteamericano que es determinante de las remesas, así como de la llegada de turistas al país.
En el corto plazo, la inflación continúa siendo la preocupación de las autoridades. El FMI sugiere que la política monetaria del Banco Central debe mantenerse en la senda de su normalización acorde con las subas de tasa de interés de los principales bancos centrales del mundo, en especial la Reserva Federal. En cuanto a lo fiscal, la realidad a pesar de ser estrecha, dicen ha sido manejada con la prudencia debida, lo que se refleja en resultados de equilibrio y sostenibilidad de las finanzas publicas en cuanto al objetivo de déficit de 2022 de un 3.0% del PIB.
El sector eléctrico sigue siendo un elemento para preocupar por la misión, ya que es un determinante importante del déficit presupuestario estructural del país. Las transferencias al sector eléctrico han representado una sangría de recursos de alrededor de 1.5 a 2.0% del PIB anual. Se confía en ese sentido que las inversiones a realizar curaran en el mediano y largo plazo las perdidas del sector con lo cual se limitarían las transferencias corrientes anuales.
En conclusión, algunos elementos fueron señalados que a nuestro entender representan retos de mejoría que consoliden además del crecimiento, el bienestar nacional: el incremento de los ingresos fiscales; reforzamiento de los marcos de política y regulación; reformas en apoyo al crecimiento y progreso en áreas sociales. En cuanto a los ingresos fiscales, solo una reforma puede incrementar sensiblemente estos. Los marcos de regulación representan mejoras en cuanto a la gobernanza y la mejora de la institucionalidad. La burocracia y la optimización de la competitividad es un pie de amigo al crecimiento y el desarrollo. Finalmente, sin apoyo a los sectores más necesitados no se cualificaría el crecimiento. Se necesita inversión publica para la equidad y la justicia social. Sin equidad no hay crecimiento con rostro humano.











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