Lo que hacemos nos define como seres humanos. Son justamente nuestras acciones las que nos dicen cuáles son las prioridades que guían lo que somos. Por ejemplo, cuando una persona prioriza el deporte, la salud, la educación y los valores éticos y morales, lo hace precisamente porque estos aspectos tienen un significado y una razón de ser en su vida. Los consideran fundamental en su desarrollo como individuos y como ciudadanos. Claro está, asumen lo dicho anteriormente como estilo de vida, porque lo aprendieron y lo consideraron necesario en su ser, porque de lo contrario, hubieran optado por otras cosas en la vida.
Lo mismo sucede cuando encontramos personas que le dan el primer lugar al descanso, a una vida sin principio ni responsabilidad y al entretenimiento sin límite. En fin, aquellos que decidieron vivir de caprichos y comodidades, y lo hacen de este modo y no de otro, porque entienden la vida según como piensan.
Sin embargo, entre una decisión y otra, lo importante es saber los resultados, es decir, lo que llega al final. Pues, quien hace ejercicios constantemente tendrán como resultado salud y bienestar; quien dedica parte de su juventud a los estudios, a la preparación universitaria, sabe muy bien que tarde o temprano, logrará ser profesional, obtener posibilidades de conseguir un trabajo y hasta poner su propia empresa. Igual le sucede a quien dedica su vida a la lectura y al conocimiento de diversos temas, que en su momento dado, recogerá lo sembrado.
Ahora bien, quien solo vive metido en las redes sociales, inmerso en un constante ocio y despreocupado de sus propias obligaciones, también recogerá lo plantado, que en este caso, será su propia pérdida de tiempo. De aquí que lo trascendental no es lo mucho o lo poco que hacemos, sino el resultado que eso nos deja. Porque tal vez estemos haciendo las cosas por tendencia, para agradar a los demás o quien sabe si es porque no sabemos hacia dónde queremos dirigir nuestros pasos.
Mi madre dice que nunca es tarde si la dicha es buena. Estamos conscientes de que aprendemos con los errores, fallando. Pero se entienden que no podemos vivir sumergidos siempre en el fango, derrotados, fuera de la carretera, ya que un día, una tarde o en algún momento dado, se hace necesario retomar el camino, reconocer nuestras fallas y hacer algo al respecto para hacerlo distinto la próxima vez que lo intentemos.
La prioridad es la vida, lo que te llene por dentro, lo que haga que le tomes más amor a la vida. Se trata de que tu existencia tenga más colores y no que se quede en blanco y negro. Se busca que cuando estés solo en tu habitación, puedas decir con alegría: “me siento realizado”. Porque si tus palabras son diferentes y dices: “siento que no he logrado nada”, significa que no priorizaste tu felicidad, que te dejaste llevar por la moda del momento y que se te olvidó que debiste vivir tu vida y no la de otros…











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