Todo parte de Jesús. Él es el quien hace comunidad, amigos, comunión y motiva a que las personas se sientan parte de un conglomerado. Desde la medicina, la sociología, la religión, la psicología, la filosofía o cualquier ciencia, la persona es un ser social, que no sólo necesita de los demás, sino que nació para vivir con los demás. San Pablo lo dice de este modo: “Porque, así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1Cor 12,12).
San Pablo nos lleva a entender que somos, como sociedad, miembros de un proyecto donde cada persona suma, cada ser humano es esencial. Independientemente de que los Estados y la política tienen su fundamento en sí mismos, las enseñanzas de la Iglesia, basada en el mandamiento fundamental del amor, demuestra que la Doctrina Social de la Iglesia, puede significar una verdadera Piedra Angular, un Pilar Maestro, que articule el marco doctrinal de la recuperación del buen hacer y bien decir de las políticas públicas, de la Justicia Social, del desarrollo de los pueblos y de la solidaridad entre los ciudadanos que se encuentran en un mismo territorio. Tal es el caso de la Región Nordeste de República Dominicana.
Un llamado a la integración y el desarrollo
En el Foro del Nordeste realizado en el Campus de la Universidad Católica Nordestana, el 10 de septiembre del 2024, nos quedó claro, en todas las intervenciones, que, para construir el futuro cada ciudadano cuenta, debe estar presente, ser consultado, opinar sobre el presente y el futuro de su territorio, sin importar su origen o condición; se debe garantizar que tenga acceso a oportunidades reales de crecimiento, desarrollo, acceso a la educación y al bienestar. Este pensamiento lo ha tenido siempre claro la Iglesia desde sus orígenes: “No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch 4,34-35). No mediaba en la Primera Comunidad cristiana el egoísmo, la avaricia ni el interés, sino la necesidad y la equidad de cada uno. Esto demuestra que la riqueza y el desarrollo, desde la hermandad y el amor, elimina toda división, pobreza y atraso entre los ciudadanos de un territorio.
De hecho, fue el postulado principal hecho por el Papa León XIII en la encíclica que lo catapultó como el Padre de la Doctrina Social de la Iglesia, cuando en la Rerum novarum postuló que todos los hombres y mujeres deben tener las mismas oportunidades de crecimiento, contar con un trabajo digno, vivir en un Estado que le garantice la Justicia Social y la equidad entre sus ciudadanos.
Las autoridades del Siglo XXI, que llevan mucha más ventaja a las de siglos anteriores, han de propiciar, con un marco legal mucho más avanzado y pertinente, el progreso de una sociedad que no dependa de la fragmentación de clases y fronteras invisibles de un mismo territorio, sino impulsar un desarrollo integral, que abarque y entrelace el crecimiento económico con la dignidad humana y la justicia social: “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todo hombre y a todo el hombre” (Populorum Progressio, 14).
Esta misma motivación debe entrar a los Foros Provinciales: deben ser espacios de diálogo y reflexión, donde autoridades, ciudadanos y sectores productivos, en sus propios territorios y funciones directivas, articulen y acuerden remar en la misma dirección. Es fundamental que aprovechemos las riquezas de nuestras regiones y territorios como una oportunidad para fortalecer la unidad, impulsando nuestras fortalezas en lugar de profundizar nuestras diferencias. Causa tristeza y mueve a preocupación que se mantenga el aislamiento dentro de una misma provincia o región, a pesar de su riqueza, debido a la falta de una visión de desarrollo integral y consensuada. Es crucial promover una estrategia que impulse la unidad y el crecimiento conjunto. La integración no es solo la ruta ideal para nuestra planificación, sino una necesidad urgente. Debemos allanar el camino de planificar y trabajar juntos, con justicia, equidad, solidaridad y compromiso, para construir desarrollo regional inclusivo y sostenible en las provincias del nordeste, incluso con la visión de replicar experiencias para todo el país.
Mismo barro, mismo barco
En este sentido, es urgente que los nordestanos pensemos en la razón de ser de la canción “Todos juntos” de Brotes de Olivo, que nos invita a reconocer que venimos de “un mismo barro” y vamos en un “mismo barco”, llamado: Región Nordeste. Sólo con esta visión de conjunto podemos concebir y entender que nuestras provincias no están unidas únicamente por sus cuencas, ríos y montañas, sino especialmente por la innovación apoyada en sus fortalezas, su gente y su planificación, lo cual nos permitiría también pensarnos desde un “nosotros”, para proyectar nuestras fortalezas y entender que la unidad es la base de la fraternidad. A través de ella, cada provincia, manteniendo sus particularidades, puede contribuir a un desarrollo común, asegurando que nadie en la región quede atrás, ya sea en la ciudad, el campo, la vereda o el barrio.
Compartimos una misma nomenclatura cultural, económica, sociológica y política común. Es esencial tomar conciencia de que estamos en el mismo barco, enfrentando las mismas realidades y, al mismo tiempo, compartiendo fortalezas. El desarrollo de nuestra región es posible y juntos llegaremos más lejos, pero depende de la habilidad y compromiso de cada miembro de esta tripulación, para llevar a buen destino esta nave común donde estamos todas y todos.











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