Las redes sociales son la moda del siglo XXI. Se han convertido en la forma perfecta del ser humano para dejar salir lo que piensa y siente a nivel público. Esto quiere decir que hoy se hace casi imposible vivir sin el mundo digital. Incluso, la generación de los años 60 y 70, poco a poco, ha venido entrando en esta realidad tecnológica, con el propósito de estar a la vanguardia de los nuevos tiempos.
En la actualidad, hay que contar con los medios de comunicación digitales para muchas cosas. Como dice el refrán: “La costumbre hace ley”, lo mismo ha sucedido con las redes. Pues es, quizá, el espacio más utilizado en estos instantes, y no solo se usa para jugar, entretenerse y pasarla bien mirando videos, películas y toda clase de actividades recreativas, sino que, además, es una herramienta de denuncias y protestas, un canal para conocer personas, conseguir trabajos, entre otras cosas de la vida diaria.
Sin embargo, las redes también tienen su lado amargo, incómodo y hasta infantil, porque así como son una herramienta poderosa a través de la cual se pueden lograr y alcanzar grandes cosas, por otro lado, algunas personas las están convirtiendo en una vía y hasta un espacio para destruir, engañar y mostrar la maldad que llevan dentro. Esto se ve claro cuando encontramos personas que se quejan y se manifiestan por las redes con situaciones personales o profesionales que podrían resolverse de otro modo. Por ejemplo, llamando, teniendo un diálogo o simplemente pidiendo una disculpa.
Pero esto sucede porque, como decía un amigo, hay gente que anda por la vida “con un yo herido”: vagando por la sociedad y el mundo, caminando con sus inmadureces, incapaces de abajarse y asumir la responsabilidad de reconocer las equivocaciones de los demás, los errores humanos y la falta de visión para hacer lo correcto. Porque ayer, hoy y siempre, hay que madurar y tomar la experiencia de la vida para colocar cada cosa en su sitio, porque las redes pueden enredar al ser humano que Dios ha creado con inteligencia para dejar huellas en el camino, no sombra ni oscuridad. Por eso, hay que tomar conciencia de las redes y buscar la forma de observarlas desde lejos para ver su impacto personal.
En definitiva, así como existe un refrán que dice: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, también podemos hacer una paráfrasis y afirmar: dime el tipo de quejas que tienes y sabremos el tipo de ser humano que eres. Quienes toman las redes para dejar salir los caprichos humanos y las incomodidades pasajeras, o creen que quienes miran los estados de WhatsApp o entran a las historias breves de sus redes deben tomarse el tiempo de compartir sus denuncias y circunstancias, olvidan que hay muchas formas de solucionar problemas, en lugar de limitarse a subir historias personales para anunciar al planeta las penas vividas.











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