Doña Tatica, la mujer de Alberto, se despertó a las cinco de la mañana, sudorosa, con el corazón en la boca. Acababa de soñar con Chencho, su difunto compadre, que en paz descanse, lo vio en su sueño, cargando un racimo de plátanos. Mas tarde, el sol la encontró camino al trabajo, pero no podía olvidar el sueño y su mensaje. De ahí que, la parada en la banca de la esquina era obligatoria. Saco de su vieja cartera los únicos 100 pesos que le quedaban y con los cuales planeaba, ya al regreso, comprar un poco de aceite y media libra de arroz. Póngame el 14, le dijo con firmeza a la muchacha de la banca, por los plátanos, y el 78, por la edad en que murió el viejo. Tatica no es anormal; es una abuela que trabaja limpiando casas y que ve en ese pedazo de papel la única posibilidad real de comprar sus medicinas del mes. En su mente, el azar no es matemática; es una revelación divina que hoy, por fin, le va a cambiar la suerte.
La conducta de Doña Tatica, que a simple vista parece un asunto de costumbre o desesperación económica, se explica desde la neurobiológica. Cada vez que Doña Tatica camina hacia la banca de la esquina, su cerebro activa el sistema de recompensa, liberando una descarga de dopamina no cuando gana, sino con la pura anticipación del sorteo. Desde la Psicología se explica, que el juego opera bajo lo que se conoce como refuerzo intermitente, esto hace que el cerebro se vuelve adicto a la impredecibilidad del premio. Además, su corteza prefrontal, que es la parte de cerebro encargada del autocontrol, pierde la batalla frente a la ilusión biológica que genera la convicción, de que hoy si va a ganar.
Que Doña Tatica distraiga el dinero que tenia para comprar alimentos para invertirlo en la esperanza de sacarse un premio no es cosa que llame la atención, por que la sociedad dominicana ha normalizado la cultura del juego cotidiano, ella no lo sabe, pero ya es víctima de lo que en psicología social se llama; sesgo cognitivo, caracterizado por la ilusión de control, el creer que se puede predecir el número que va a salir mediante sueños o cábalas.
Otra cosa que Doña Tatica no sabe, y que probablemente no le importe, es cómo llegó esa banca a la esquina y por qué hay tantas. Según la Federación Nacional de Bancas (Fenabanca), existen en todo el país unas 30 mil bancas legales y, otras miles no registradas o ilegales como los famosos verifones, paradójicamente pertenecientes a los mismos propietarios, Esta historia del juego de azar, de la que ella y la gran mayoría de los dominicanos son rehenes inconscientes, surgió el 24 de octubre de 1882 gracias a la iniciativa del sacerdote y filántropo Francisco Xavier Billini, con el propósito de financiar obras benéficas y sostener instituciones que ayudaban a enfermos, ancianos, huérfanos e indigentes, Esta lotería funcionaba mediante la venta de billetes de cuatro números y un sorteo semanal. Más tarde, el 10 de septiembre de 1890, esta institución sería regularizada por el presidente Ulises Heureaux mediante la Resolución Núm. 2958.
Mucho ha llovido desde esa fecha y Doña Tatica ha vivido gran parte de ese tiempo para ser testigo de cómo hemos pasado de celebrar un sorteo semanal a 21 sorteos de lotería diarios, operados por siete loterías distintas en 14 franjas horarias. Ante esta locura, los 100 pesos que Doña Tatica invierte en el 14 y el 78 solo representan una migaja comparada con los más de RD$400 millones de pesos diarios que se apuestan en bancas de lotería y otros juegos de azar, según cifras reportadas por la propia FENOBANCA. Esta enorme masa de dinero equivale a un movimiento anual estimado en RD$146,000 millones de pesos, cerca del 0.8% del Producto Interno Bruto (PIB) Esta terrible situación genera un impacto directo en la canasta básica familiar, con un gasto por persona calculado desde los RD$100 diarios, en el caso de alguien de escasos recursos como Doña Tatica, hasta los RD$2,000 diarios en un dominicano más pudiente.
Según el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD) y diversos estudios económicos, el impacto del gasto en juegos de azar en la economía familiar dominicana es profundo, afectando principalmente a los hogares de menores ingresos como el de Doña Tatica. El juego opera como un impuesto regresivo que absorbe recursos esenciales para cubrir necesidades básicas. Para un hogar de bajos recursos, estas apuestas pueden representar entre el 5% y el 10% de sus ingresos mensuales, una fuga de capital que golpea directamente la canasta familiar; cada peso jugado es dinero que se resta a la compra de alimentos, al pago de servicios públicos como luz y agua, a la adquisición de medicamentos o a la educación de los hijos.
Ajena a las complicadas cifras anteriores y al grave problema que representan los juegos de azares y otros a la sociedad dominicana, Doña Tatica regresa al caer la tarde cansada del trabajo, ya frente a la banca, con el papelito en la mano, se entera que ni el 14 ni el 78 salieron, pero no se entristece, porque, aunque ella no lo entienda, las loterías no venden riqueza, sino la maravillosa e intacta ilusión de conseguirla y para eso, siempre podrá volver a soñar.
Continuara.
Víctor Alvarez
Psicólogo y Profesor Universitario











Discussion about this post