Kelvin, el nieto de Tatica, tiene 16 años y no sabe lo que es pisar un casino, pero lleva seis meses metido en las apuestas digitales. Contrario a Doña Tatica, Kelvin no va a la banca, porque tiene todo un mundo de apuestas en su celular. En la escuela, el profesor habla sobre la importancia del mes de noviembre y la Restauración, pero Kelvin, sentado en una de las últimas butacas, manipula el celular, alejado de los intereses y los magnos propósitos de los primeros constituyentes.
Para él todo empezó con un anuncio que le llegó por TikTok y que lo llevó a invertir sus primeros 200 pesos, pagados con una de las tarjetas de ayuda de su abuela Doña Tatica, sin su permiso. En la madrugada, pegó una combinación digital y la aplicación le notificó con luces y sonidos de fuegos artificiales, felicitándolo porque había ganado 3,000 pesos y disparando en su cerebro de adolescente un chorro de dopamina que lo hizo sentir como el rey de la matica.
El problema es que el cerebro se adapta rápido al estímulo. Ahora, en clases, manipula la aplicación a escondidas del profesor, no tanto por el dinero que puede obtener, sino por la urgencia de sentir otra vez ese corrientazo y la gratificante sensación de placer que, por unos segundos, generó en él la ilusión de control.
Mientras tanto, en la cocina de su casa, Doña Tatica revisa el estado de la cuenta del banco, angustiada y sin entender en qué se está gastando el dinero destinado para la compra. Ni Kelvin ni Doña Tatica pueden prever lo que se avecina, porque la adicción y la ludopatía se instalan suavemente, dominando la voluntad y dirigiendo la conducta hacia el abismo de la dependencia, con sus secuelas sociales y psicológicas.
Pero Kelvin no está solo. Los reportes de salud pública y especialistas en adicciones estiman que más de 200,000 personas en la República Dominicana están dominadas por la ludopatía. Esto representa cerca del 2% de la población general con problemas activos dentro de las dinámicas de juegos. Los informes señalan que uno de los principales factores de riesgo en el país es la altísima densidad de bancas de lotería y deportivas, que paradójicamente suman más que todas las escuelas y sirven como puerta de entrada física antes de que el joven migre al entorno digital.
El dato más alarmante está relacionado con la salud mental y el suicidio. Según especialistas dominicanos en el manejo de adicciones, el impacto psicológico de la adicción a los juegos es devastador. Se estima que entre el 80% y el 85% de quienes han desarrollado trastorno de ludopatía en el país presenta ideación suicida. También se informa que cerca del 19% al 20% de los intentos o suicidios consumados en el país tienen un trasfondo ligado a deudas o desesperación por el juego de azar.
En el caso de los menores como Kelvin no existen cifras confiables sobre cómo participan en los juegos de azar. Sin embargo, informes de organismos como UNICEF afirman que es alrededor de los 13 años cuando se inicia el contacto de los jóvenes con las plataformas digitales de juegos de azar. Datos más allá de la República Dominicana indican que 1 de cada 4 adolescentes ha apostado alguna vez en línea, siendo los varones los más activos, atraídos sobre todo por las apuestas deportivas como fútbol, baloncesto y pelota, especialmente durante los torneos internacionales.
También están los profesionales de la salud mental que trabajan en centros de acompañamiento psicológico, quienes reportan que, de cada 10 consultas por adicciones conductuales, 8 las realizan madres de jóvenes preocupadas por el aislamiento y las deudas de sus hijos, como sería el caso de Doña Tatica.
En adición, la Organización Mundial de la Salud, OMS, ha incluido el trastorno por juego de apuestas en la clasificación de enfermedades, pues sus efectos son similares a la adicción a sustancias químicas debido a su capacidad de secuestrar los mismos circuitos cerebrales. Según la OMS, el 60% de los apostadores patológicos tienden a padecer otras condiciones de salud mental como depresión mayor, trastornos de ansiedad generalizada y problemas ligados al déficit de atención (TDAH), efectos parecidos a los que Kelvin ya demuestra en la escuela y que Doña Tatica comenzará a sufrir. Los estudios sobre ludopatía indican que, a nivel global, por cada jugador de alto riesgo, al menos 6 personas de su entorno cercano, principalmente la familia, sufren consecuencias económicas o traumas emocionales directos.
La situación de Kelvin es más complicada debido a los cambios que ocurren en su cerebro por el uso de plataformas de apuestas digitales, diseñadas como videojuegos. Para su cerebro, apostar en la aplicación se siente como avanzar de nivel, lo que dispara la dopamina de manera mucho más violenta y rápida que un ticket de papel de la banca.
Además, Kelvin forma parte de un entorno que ha normalizado la cultura del bajo mundo y del dinero rápido, y el juego se ve como una vía legítima para lograr el éxito. Esta mentalidad está tan arraigada que los jóvenes no perciben el juego digital como un peligro para su salud mental, sino como un estilo de vida o un coro más, sobre todo porque su condición de adolescente lo empuja hacia la dependencia psicológica, como consecuencia de la falta de control de impulsos y la demanda del sistema de recompensa que lo induce a procurar el placer inmediato.
¿Qué alerta emiten los jóvenes que viven una situación como la de Kelvin? Al inicio, conductas intrafamiliares como robar la tarjeta de los padres, mentir sobre el uso del dinero de la escuela o vender objetos tecnológicos del hogar. Esta conducta inicia los conflictos familiares, generando un estado de ansiedad que el adolescente aprovecha para aislarse de actividades como cenas, reuniones y conversaciones cotidianas, y aferrarse a la pantalla y su casino de bolsillo. El error de los familiares es minimizar la gravedad de estas conductas, justificándolas como propias de la rebeldía de la edad.
Para salvar a Kelvin de su casino de bolsillo no bastará con castigarlo de forma tradicional, como quitarle el celular por tres días o que Doña Tatica le entre a chancletazos. Al tratarse de un problema de salud mental con base en la alteración de la dopamina, el esfuerzo familiar debe centrarse en estrategias que combinen tecnología, comunicación y apoyo clínico.
En resumen: Kelvin tiene que asumir su error y devolver el dinero bajo cualquier forma. En su casa deben mantener vigilancia sobre el uso del dinero y las facilidades para su utilización. También deben utilizar herramientas de control parental para restringir la descarga de aplicaciones de apuestas. Es necesario combatir el síndrome de abstinencia y la adrenalina derivada de las horas de juego digital, promoviendo actividades físicas o artísticas que aporten dopamina natural. También hay que combatir el discurso sobre el dinero fácil y rápido y la búsqueda del éxito sin fajarse.
De no tener éxito el esfuerzo de instaurar disciplina familiar, se debe acudir a especialistas, psicólogos o psiquiatras, para evitar que Kelvin cruce la línea de no retorno y sea presa por siempre del juego de azar digital y sus maldades.
Victor Alvarez
Psicólogo y profesor universitario











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