
El Año Extraordinario de la Misericordia no tardó en conquistar la adhesión y complacencia del mundo católico y convertirse rápidamente en un verdadero y propio Jubileo en toda la extensión de la palabra. Cada vez que se habla del mismo y se tratan de explicar los elementos que identifican este Año, las personas sienten que se les dirige un mensaje al corazón.
Nadie puede quedarse indiferente al escuchar hablar de misericordia e identificar que, en el corazón de la Ley de Israel, Yahveh viene identificado como “Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado” (Ex 34,6-7). Esto llega a su culmen con la persona Jesús: A todo ello, se le agrega que, en las Sagradas Escrituras, la palabra misericordia aparece más de 250 veces.
Uno de los elementos que más causan admiración, a partir de la convocatoria del Año Jubilar, son las 14 Obras de Misericordia. El mismo Papa Francisco en su Bula Misericordiae Vultus, sobre Jesucristo como el rostro misericordioso del Padre, afirma en su número 15: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos.
Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.
Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos”.
La Iglesia ha elaborado el listado de las Obras de Misericordia extrayéndolas de la Biblia y, por lo tanto, se convierten, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2447, en “acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales”.
El Obispo de Roma está consciente que si los creyentes viven con sinceridad este tiempo de gracia del Año Jubilar, será más fuerte y eficaz el testimonio de los cristianos en medio del mundo.











Discussion about this post