Una de las virtudes de Donald Trump es su capacidad para expresar lo que siente y como lo siente, sin importarle a quien insulta. Desde el momento que anuncio su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, Trump llamó la atención de la prensa al anunciar su intención de construir una muralla en la frontera con México y hacer que el país vecino pague por esta.
Como si eso fuera poco, inmediatamente, Trump promete que como presidente va a deportar a todos los indocumentados que viven en los Estados Unidos, 11 millones de persona en total.
Acusa a México de mandar a sus violadores, traficantes y criminales a Estados Unidos y promete que la muralla le pondría fin al trafico ilegal de personas y drogas. La muralla con la frontera de México no es nada nuevo. Al contrario, en 2006 el congreso Americano aprobó 2.9 billones para la construcción de la obra. La entonces senadora, Hillary Clinton, voto a favor de la muralla en varias ocasiones.
La diferencia es que Trump insiste, México debe pagar por esta, a lo que varios funcionarios Mexicanos, incluyendo el actual presidente han dicho que no lo harán.
En junio del 2015, cuando anuncia su candidatura, Trump era uno más de los 17 pre-candidatos que aspiraban a la nominación presidencial por el partido Republicano. El consenso entre la jerarquía Republicana y la gran mayoría del pueblo Americano era que Trump veía la contienda presidencial como otro reality show.
Uno de los tantos espectáculos de televisión en los que insulta de manera brusca a sus participantes. “You’re Fired” o “Estas despedido” es una de las expresiones famosas de su antiguo programa el aprendiz, o “the Apprentice”
su temperamento emocional, en la campaña, hace que mucha gente lo siga y su popularidad aumenta con cada insulto o expresión disparatada que emite.
En noviembre, por ejemplo, se burla de un reportero del New York Times, quien tiene un problema congénito que le afecta los músculos. Luego critica a los Japoneses y Chinos diciendo que cuando estos llegan a una reunión de negocios no saludan e inmediatamente dicen “I want Deal” o quiero negocio.
A Marco Rubio, el candidato presidencial le llamaba Marquito “Little Marco” al referirse a Carly Fiorina, la única mujer en la contienda por el partido Republicano, solia decir “mirenle la cara”. Su popularidad sigue en aumento cuando dice que como presidente pararía la entrada de musulmanes al país.
Esto hace que muchos republicanos públicamente repudien esta intención. Sin embargo, aquellos que lo siguen aprecian su honestidad al decir lo que siente.
Trump nunca ha ocupado cargos públicos. Como hombre de negocios, sin embargo, hace alarde de comparar políticos y favores con sus grandes donaciones de dinero.

Hillary Clinton, por ejemplo, estuvo en la tercera boda Trump, en el 2005, porque este hizo una donación a la fundación Clinton. “Yo demande que ella y Bill fueran a la boda, y tuvieron que ir… “eso es lo que esta mal en este país, que los políticos están a merced de los grandes contribuyentes. Yo no le acepto dinero a nadie, a mi nadie me compra”
Hillary y el expresidente Bill Clinton en la boda de Trump y su actual esposa Melania en el 2005.
Esta condición de “outsider” o persona que no tiene experiencia política también es parte del atractivo hacia Trump. En su papel de candidato, parece que no tiene filtro para decir lo que piensa. Tampoco sigue consejos de sus asesores de campaña.
La controversia más reciente es un ejemplo. Trump exige que el juez Gonzalo Curiel, de padres mexicanos, que encabeza la investigación sobre la desaparecida “Trump University” debe ser removido del caso, porque piensa que el Juez Curiel no va a ser imparcial ya que el ha planteado construir la pared y ha insultado a los mexicanos.
El problema es que los los Republicanos necesitan el voto hispano si quieren ganar la presidencia en Noviembre. Los insultos de Trump a la comunidad hispana tiene a nerviosos a los líderes republicanos. Muchos de esos líderes están avergonzados y dicen que no van a votar por el.
El Senador John McCain y Mitt Romney, quienes fueron candidatos presidenciales del partido Republicano en el 2008 y el 2012, respectivamente, son dos prominentes miembros de esa organización que públicamente han mostrado su desencanto con la actitud de Trump.
Paul Ryan, vocero del partido Republicano en la cámara de representantes, considero racistas los comentarios de Trump sobre el Juez Curiel. Esa actitud, de desoír a sus asesores, desafiar a los líderes republicanos, hablar con franqueza aunque le perjudique revelando secreto de sus dádivas, insultar a través de las redes sociales, permite ver a un hombre dispuesto a todo sin medir consecuencias.
De la forma que actuó a lo largo del proceso de primarias, Trump sigue moviéndose con espectacularidad en un escenario donde divide las audiencias entre frenéticos simpatizantes y encolerizados adversarios. Sin dudas un formidable showman de la televisión y ahora de la política.












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