Generalmente son las madres las que quedan con la tutela de los hijos cuando una pareja se divorcia. Comienza entonces para ellas una difícil y a menudo triste aventura: educar en solitario a los hijos de forma que sufran lo menos posible la separación de sus padres: Continuar con el cariño, la amistad y la orientación de los niños aunque su vida afectiva se haya resquebrajado, y mantenerse fuertes, equilibradas y cordiales para seguir ejerciendo responsablemente su maternidad.
Ana Tholenaar nos da algunas pautas para conseguirlo:
Lo que la madre divorciada debe entender.
Hay numerosas trampas en las que las madres divorciadas suelen caer. Una de ellas, la más frecuente es la de querer asumir el papel de madre y padre a la vez, creyendo que así los hijos notarán menos la falta del padre. Esta reacción es incorrecta y dañina.
La mamá no puede ni tiene que ser mamá y papá a la vez. La pareja debe decidir responsablemente continuar siendo padre y madre de sus hijos, aunque vivan separados. Cuanto antes se cree entre ellos una relación amigable, menos sufrirán.
Los divorcios amistosos son mucho más difíciles de mantener, ya que resulta más fácil olvidar cuando hay enemistad. Sin embargo, a la larga resulta mucho más positivo para todos.
Es importante que los dos puedan acudir amigablemente a las fiestas de graduaciones, cumpleaños o reuniones del colegio de sus hijos, para que estos no sientan el abandono de ninguno de los dos. Las madres divorciadas deben hacer un intento sincero de olvidar el rencor y permitir a sus hijos convivir y compartir con su padre, la novia de su padre o su nueva pareja, si la tiene.
Otra idea que apuntó la licenciada Tholenaar es que la mujer divorciada debe entender que su vida afectiva no tiene por qué haber terminado. Por el contrario, su afectividad queda hábil y abierta, y este aspecto debe aclararse con los hijos y hacérselo comprender.
También dejará claramente establecido con ellos que su vida social no se termina con el divorcio, deben entender que eso sería injusto, ya que, de hecho, ahora le es más necesaria que nunca.
Hay, para las madres divorciadas, una vida social que se debe hacer junto con los hijos y una vida social que se hará con los adultos. Es importante que esta segunda no se rompa con el nuevo estado.
Otra idea importante, y que se refiere a la autoridad, es que las reglas de la casa van a ser establecidas ahora, por la madre. Aunque el padre la desautorice o la critique delante de sus hijos, estos deben continuar respetando las normas de la casa que ella impone.
Dejar de competir:
“La mujer divorciada no debe competir con el padre por el cariño de los hijos. No es conveniente tampoco que se les hable mal del padre, ya que se les crea un conflicto de lealtades”, dice Ana Tholenaar.
Un asunto difícil es lograr un equilibrio entre su vida productiva y las responsabilidades con sus hijos. Muchas veces por querer mantener el mismo estatus económico ella se dedica a trabajar sin descanso, negando, a sus hijos su compañía y su tiempo. Esto es un error. Los hijos necesitan un tiempo exclusivo y una dedicación, ahora mayor, que no debe abandonarse a cambio del mayor bienestar económico. Siempre que una pareja se divorcia, hay responsabilidad por ambas partes.
Por: Cristina Aznar











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