La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es una organización internacional cuya misión es diseñar mejores políticas para una vida mejor. Dentro de su accionar se encuentra un estudio-diagnóstico sobre la calidad del aprendizaje de los alumnos a nivel global, en específico, sobre el nivel de conocimientos adquiridos al final de la educación secundaria.
El Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos, las pruebas PISA, como se conocen por sus siglas en inglés, son aplicadas cada tres años. Examinan el rendimiento de alumnos de 15 años en áreas temáticas claves y estudian igualmente una gama amplia de resultados educativos, entre los que se encuentran: la motivación de los alumnos por aprender, la concepción que éstos tienen sobre sí mismos y sus estrategias de aprendizaje. Cada una de las evaluaciones se centran en un área temática concreta: la lectura, las matemáticas y las ciencias; siendo la resolución de problemas un área temática especial. En el año 2018, alrededor de 600 mil alumnos fueron evaluados en unos 79 países.
Sin darles muchas vueltas, nuestros resultados fríos y directos: penúltimo lugar en lectura, último lugar en ciencias y último lugar en matemáticas. Al parecer, en los últimos 6 años alrededor de 900 mil millones de pesos invertidos por el gobierno dominicano en educación han sido tirados por la borda. Trato de explicarme lo ocurrido y encuentro respuestas en la reflexión de una gran amiga de cuando estudiaba en la universidad, que una vez graduada en ingeniería informática, decidió estudiar educación, y paralelamente con su colegio privado, es una excelente consultora educativa. A continuación, su reflexión sobre la mal llamada y cacareada revolución educativa:
“No me sorprenden los últimos resultados arrojados en el informe de la prueba PISA. Hace tiempo que la investigación científica ha dejado claro cómo es que la gente aprende, con qué aprende y con quien o quienes aprende.
La enseñanza y el aprendizaje se saben ya que son procesos distintos, realizados por personas distintas y bajo características distintas. Pero todavía seguimos aprendiendo a enseñar como si no se hubiese descubierto nada. Como si la educación todavía se entendiera desde los viejos paradigmas, donde el estudiante era una “tabla rasa” o una “esponja” y los docentes los que “traspasaban” su conocimiento que era la “gran verdad”.
Como en todo lo demás, también en la educación nos hemos vueltos superficiales y acartonados. Hemos preferido ignorar las ciencias, por no fajarnos a estudiar y a cambiarnos desde lo que somos como maestros, escuelas y padres. La Educación sufre de esta ola que nos arrasa desde todo lo que somos como sociedad moderna.
No importa si es un 4 ó un 10% del PIB, la gente aprende lo que le interesa y lo que tiene significado para ella, lo que está contextualizado y le parece útil. Por eso los niños y jóvenes aprenden rápido las letras de un dembow y no un poema dominicano o las letras de nuestro himno nacional. Todo es cuestión de sentido…
Pero las páginas que hay que tirar para la izquierda y las horas de reflexión y estudios, insumos ineludibles del cambio para llevarnos a una cultura docente de calidad, son muy pesadas e implican un esfuerzo no remunerado, que se le adiciona el calor y la falta de higiene, así como de agua de nuestras escuelas. Para los que administran los chelitos, las fotos son lo más importante y, la obra gris, los hace inmortales.
La educación se explica ahora desde las neurociencias, la sociología, sicología, economía y de un extenso conocimiento cultural universal. Pero eso cuesta mucho esfuerzo serio de todos y cada uno de los actores del sistema, lamentablemente, estamos en la era del “mínimo esfuerzo”, del allante, bulto y movimiento. Se hacen virales los memes del Penco, y los contenidos de valor, son los que nos ofrecen los ratatá.
La prueba PISA seguirá contándonos los pasos, para que en muy poco tiempo entremos a una nueva categoría: la de países desahuciados y sin remedios en su sistema educativo. Sigamos Pa’ lante que la PAMPARA TA’ PRENDÍA y BAJÉ CON TRENZAS… Así es la cosa.”
La Revolución Educativa de Danilo Medina es una falacia, el 4% del PIB en educación es una gran mentira, más del 60% de esos recursos se disfrazan en construcción, subsidios sociales y corrupción. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP), es un sindicato, controlado por el gobierno, que solo persigue el bienestar de sus asociados y los intereses de su patrón, sin importarles los del alumno. Esa conjugación odiosa, nos empuja a resultados como los de las evaluaciones PISA.
Es más fácil así, mientras menos educación, menos exigencias sociales. Pero hay que guardar las formas y hacer creer que el sueño se hizo realidad. De eso último, este gobierno es experto y de seguro quedaría en los primeros lugares si le aplicamos una evaluación al estilo PISA.
* El autor es economista, miembro de ACCION CIUDADANA, movimiento político, con visión social, que defiende los mejores intereses del pueblo dominicano.











Discussion about this post