El ritmo de la vida, el estrés y la falta de control emocional, nos están quitando la cortesía, algo esencial en nuestra convivencia cotidiana. Me refiero a que estamos olvidando el uso de expresiones aprendidas en el hogar, y que luego son reforzadas en la escuela. Algunas de ellas son: gracias, buenos días, permiso, de nada, a la orden siempre, en lo que podemos servir, gracias por sus servicios, entre otras, que reflejan el civismo de una persona que reconoce el valor de las palabras al interactuar con los demás.
Hoy, como la economía, la tecnología, el cambio de época y una visión de la vida muy liberal, ocupan el centro de nuestra existencia o nos quieren llevar a ese punto, la gente tiende más a desencantarse, a perder el brillo de vivir, a dejarse morir aun teniendo el corazón latiendo. Por eso, frases como las dichas anteriormente, las cuales era común utilizarlas, en la mente de muchas personas ya suenan anticuadas, incluso, muchos hasta suelen quedarse callados cuando los saludan o simplemente ofender al otro cuando se le muestra un gesto de amabilidad.
Por estas y otras razones podemos decir que el desencanto ya es un estilo de vida. Lo que antes era visto como algo raro, extraño y complejo, en la actualidad se ve normal. Es decir, encontrarse con personas secas, malhumoradas, enojadas, aburridas y apáticas sin ningún motivo, es algo que la misma sociedad ha entendido que debe ser tolerado, porque cada quien tiene derecho a sentirse de ese modo y los otros deben aceptarlo y punto. Parece drástica esa actitud de aceptar y comprender a un ser humano que optó en su vida por vivir de manera desencantada, cuando debió asumir la existencia desde otra perspectiva…
Da la impresión en ocasiones, de que esas personas que decidieron permanecer desencantadas, “agrias”, por utilizar una imagen, se creyeron que no existía otro camino, otra senda para transitar por este mundo. Tal vez, quien sabe, se les olvidó a estas personas, que es triste y penoso pasar por este planeta arrastrando la existencia, caminando como si todo lo que se hace es duro e injusto. Claro está, todos hemos pasado por momentos dolorosos, situaciones difíciles, pero son precisamente esos instantes que, viéndolos desde el espíritu mismo del ser humano, deben verse como una oportunidad para crecer, volverse más fuertes y buscar dentro de nosotros lo que realmente nos mantiene vivo, en vez de alimentar lo que nos produce la muerte.
Anda, continúa caminando por la vida. Pero no lo hagas con el rostro enojado, triste ni mucho menos culpando a otros de tus tragos amargos, ni de tus momentos difíciles e incómodos. Mejor sé capaz de recordar lo que dice Gabriel Marcel: “La experiencia no es lo que me pasa, sino lo que hago con ella”. Por tanto, deja un lado el desencanto y cultiva tanto el optimismo interior para que nada de afuera destruya lo que vayas construyendo dentro.
P. Luis Alberto De León Alcántara











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