SAN FRANCISCO DE MACORÍS. – El obispo de esta diócesis, monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera, centró su homilía en la lección de vida que definió el legado del empresario Don Héctor José Rizek Llabaly, durante la eucaristía celebrada en su memoria el 9 de abril en la Catedral Santa Ana.
Monseñor rememoró una visita a las plantaciones de cacao de Los Ancones, invitado por Don Héctor, quien le planteó una pregunta que, con el tiempo, se convirtió en enseñanza permanente para su ministerio pastoral: “¿Sabe usted qué es lo que más admiro de la planta de cacao?”, preguntó el empresario.
Ante la expectativa del prelado, Don Héctor expresó: «Es la planta más solidaria de la creación. Crece exuberante, aun cuando se alzan sobre ella árboles más fuertes y altos».
Cuando el obispo sugirió que esa cualidad podía explicarse porque la planta no teme a la sombra de árboles más grandes, Rizek Llabaly confirmó la idea con una afirmación contundente:
«Exacto. Da fruto sin importar la grandeza de quien crezca a su lado».
Monseñor de la Cruz Baldera manifestó que esa lección marcó profundamente su ministerio, inspirándolo a dar frutos sin depender de la comparación ni de la posición frente a otros.
“Esta ha sido una parábola viva que he atesorado: la vocación de dar fruto en comunión con los demás, sin eclipsar la luz del prójimo, pero sin claudicar en la entrega de lo mejor de nosotros mismos”, manifestó ante familiares, allegados y miembros de la comunidad.
A partir de esta enseñanza, el prelado presentó a Don Héctor Rizek como un referente de trabajo y compromiso, destacando que asumió su vocación con sentido de responsabilidad y visión de servicio. Señaló que su trayectoria reflejó una práctica constante de generación de oportunidades y desarrollo en su comunidad.
Indicó que, en momentos donde muchos optan por emigrar, el empresario eligió permanecer en San Francisco de Macorís, donde consolidó sus proyectos y aportó al crecimiento económico de la provincia Duarte.
“El verdadero crecimiento exige fe, esfuerzo y amor por la tierra propia”, expresó, al subrayar que Rizek Llabaly honró su herencia y multiplicó sus talentos en beneficio colectivo.
El obispo también hizo referencia al Evangelio de San Lucas, destacando el mensaje de paz del Cristo resucitado, y a los Hechos de los Apóstoles, que invitan a encontrar consuelo en Dios. Asimismo, elevó oraciones por la familia Rizek Llabaly, pidiendo fortaleza y confianza en la esperanza cristiana.
La ceremonia, organizada de manera conjunta por el Obispado de San Francisco de Macorís y la Universidad Católica Nordestana (UCNE), reunió a representantes de distintos sectores de la sociedad, quienes rindieron tributo a un hombre cuya vida continúa proyectándose a través de su ejemplo de laboriosidad y solidaridad.

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