SAN FRANCISCO DE MACORÍS.– El obispo emérito Jesús María de Jesús Moya rindió un testimonio marcado por la cercanía personal, la valoración institucional y la dimensión espiritual, al recordar la vida y obra de Héctor José Rizek Llabaly durante la misa celebrada en su memoria el 9 de abril de 2026.
Desde el inicio de su intervención, monseñor de Jesús Moya situó la figura de Rizek Llabaly como un referente de impacto regional y nacional, al afirmar que su trayectoria trascendió lo individual para convertirse en legado colectivo. “Hablar de él es evocar a un benefactor, a un amigo inseparable, a un trabajador incansable”, expresó ante familiares, autoridades y relacionados presentes en el acto.
El prelado sostuvo que la vida de don Héctor se caracterizó por una coherencia entre fe y acción, evidenciada en su respaldo sostenido a la Iglesia, la educación y las iniciativas sociales. Indicó que su generosidad se manifestó en aportes concretos que incidieron en el desarrollo de la región Nordeste, desde el apoyo al obispado hasta la participación en proyectos que impactaron a distintas comunidades.
Uno de los aspectos centrales de su discurso fue el rol desempeñado por Rizek en la consolidación de la Universidad Católica Nordestana (UCNE). Recordó que se integró al proyecto universitario el 21 de abril de 1978, apenas semanas después de su concepción, y que posteriormente asumió la presidencia de la Fundación Universitaria, función que desempeñó durante más de dos décadas.
“Su liderazgo se reflejó en decisiones estratégicas que marcaron el rumbo de la Universidad Nordestana”, indicó. En ese contexto, reveló que fue don Héctor quien impulsó en el año 2001 la orientación de la institución hacia la Iglesia, decisión que, según relató, inicialmente no compartió, pero que terminó respaldando tras conocer los fundamentos de la propuesta.
El obispo emérito señaló que la huella de Rizek permanece en cada espacio del campus universitario, no solo en términos de infraestructura, sino en la visión institucional que ayudó a consolidar. Afirmó que su incidencia en la educación superior permitió ampliar oportunidades para jóvenes de distintos sectores sociales.
En el plano humano, monseñor de Jesús Moya ofreció un testimonio directo sobre la relación que mantuvo con el homenajeado, a quien definió como un amigo cercano y constante. “En los momentos de dificultad, su palabra alentaba; en las horas de incertidumbre, su consejo iluminaba”, expresó, al destacar la dimensión personal de su legado.
Asimismo, resaltó su contribución al desarrollo económico y productivo, al mencionar su participación en la construcción de infraestructuras viales y su impulso al cultivo del cacao orgánico, actividad que posicionó como uno de los principales renglones productivos con proyección internacional.
El prelado también destacó el apoyo brindado por Rizek a estudiantes de escasos recursos, a quienes facilitó el acceso a la educación superior en la UCNE, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y otras instituciones, como parte de una visión orientada a la formación y movilidad social.
En otro orden, valoró la actitud asumida por el empresario ante los desafíos, al describirlo como una persona enfocada en soluciones, con una visión constructiva y una disposición permanente a impulsar iniciativas en beneficio colectivo. Señaló que su ejemplo constituye una referencia sobre el significado del servicio y la responsabilidad social.
Al concluir su intervención, monseñor de Jesús Moya afirmó que el legado de don Héctor José Rizek Llabaly se mantiene vigente en las obras, instituciones y personas impactadas por su trayectoria. “La amistad verdadera sostiene instituciones y personas, la fe se traduce en obras y la solidaridad transforma comunidades”, expresó.
El obispo emérito cerró con un mensaje de despedida en el que reafirmó la permanencia de su memoria: “Tu obra sigue viva, tu amistad sigue presente”, dijo, al tiempo de señalar que su vida constituye un compromiso para continuar el camino que dejó trazado.

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