El Historiador Pedro Archambault (1938) relata el heroísmo de San Francisco de Macorís en la resistencia a la Anexión de la República Dominicana a España, obligando al general anexionista Juan E. Ariza a su retirada de la heroica villa. Los dominicanos dirigidos por el Capitán Santiago Mota, Cayetano de la Cruz, el comandante Olegario Tenares y Manuel M. Castillo, izaron la bandera en la plaza patriótica. Este ejemplo fue seguido por Basilio Gavilán y Estevan Adames que extendieron a Cotuí y la Vega la proclama de la separación de España.
Archambault resalta que el gobierno de Pimentel fue dictatorial persiguiendo a los restauradores entre ellos Benito Monción, Carlos Medrano, José Cabrera, Ulises Francisco Espaillat, Pablo Pujols, Julián Belisario Curiel, Pedro Curiel, Manuel Rodríguez Objío, Máximo Grullón y Pedro Valverde. Pimentel se moviliza de Santiago a Puerto Plata, pero Gregorio Luperón le escribe que dimitiera del poder porque su gobierno tenía mucho rechazo. Los pueblos que reaccionaron con la propuesta de Luperón fueron: Santiago, los de la Línea Noroeste, Moca, la Vega y Macorís. Al regresar a Santiago Pimentel renuncia y se intenta atropellarlo, pero los consejeros recordaron su participación en Beler lo impidieron, Luego, el 4 de agosto de 1865 un manifiesto contra Pimentel en Santo Domingo declara a José María Cabral Protector de la República formando su gobierno por Asamblea Constituyente. Se trasladó a Santiago y se reunió con los principales restauradores, encargando al general Luperón de gobernar Santiago, después, Luperón nombró a Benito Monción produciéndose resistencia a Cabral, pero Luperón los perdona y culmina la resistencia.
El historiador Emilio Rodríguez Demorizi en su libro Proceres de la Restauración resalta a Luis Castillo que aparece en el pronunciamiento de San Francisco el 3 de septiembre de 1863, en el mismo evento, aparecen el teniente Nolasco de Frías, Eugenio García, Felipe Neri García, Francisco García, Juan A. García, Rufino García, Tomás García, Francisco García Cobos, Alejandro Garrido, Tomás Glas y Lucas, Gaspar Hernández, Manuel de Jesús Hernández, Guillermo Hollingshead, Gregorio López, F. Lucas, Luciano, José María de María, Fernando Martínez, León Méndez, Narciso Mendoza, Pedro Mendoza, Máximo Delmonte, Vicente Núnez, Francisco Paula, Santiago de Paula, Antonio Paulino, L. Paulino, Miguel Paulino, Ramón Paulino y Tiburcio De Peña, aparece como comandante de armas de San Francisco el general Pedro Florentino en 1856. También, presenta la labor restauradora de Manuel María Castilo que aparece en el pronunciamiento del 3 de septiembre de 1863.
El 14 de septiembre de 1863 el gobierno provisional lanzó un decreto en el que declaraba a Pedro Santana como “Culpable de Alta Traición”. Ante este escenario y por las incursiones del ejército español, Gregorio Luperón como jefe de operaciones, reorganizó las campañas militaras en varios pueblos del norte, entre los que se encontraban la Guarnición de San Antonio del Yuna (Villa Riva), que luego es visitada por este al repeler un ataque del ejército invasor. En tal sentido, dice Archambault: “Reforzó a Matanzas, situó una fuerte Guarnición en San Antonio del Yuna y concentró las demás fuerzas disponibles en el Cotuy, en donde sitúo su cuartel general.
Mientras tanto el general Santana les escribía a cuantas personas creía capaces de neutralizarse y su propaganda cundía frecuentes alarmas por esa provincia.
En Yamasá los coroneles Adames, Trinidad y Gavilán capturaron al peninsular coronel Gardiano con un paquete de comunicaciones del General Santana. Se lo enviaron a Luperón a la Vega, en donde un consejo de guerra condenó a muerte al coronel Gardian, siendo ejecutado por orden del General Mejía.
Después el general Gregorio Luperón se puso en marcha y al llegar a Cevicos, camino de la capital recibió el aviso de que una columna española acababa de desembarcar en el puerto Fluvial del Almacén del Yuna (Villa Rivas). Al saberlo partió con un destacamento de caballería y llegó a dicha villa; pero la guarnición del Yuna había rechazado los invasores que habían reembarcado para Samaná” (Archambault, 1986, 180).
La importancia de Villa Riva para los restauradores era estratégica debido a que el ejército español tomó la Bahía de Samaná como lugar predilecto de sus operaciones, porque le permitía incursionar por el río Yuna y llegar otros pueblos. El puerto Fluvial de Villa Riva debía permanecer como punto estratégico para frenar la movilidad de los españoles, impidiéndole el acceso por agua, lo que implicaba luchas estratégicas que se evidenciaron cuando se repele su intervención.
Los restauradores intentaron en varias ocasiones tomar el Puerto de Samaná, pero sus ataques fueron repelidos por las fuerzas de intervención española que habían consolidado su fuerza en Samaná como lugar importante de movilización, control y dominio. Francisco Febres-Cordero Carrill en su artículo “La Guerra de la Restauración desde las filas españolas”, (1863–1865), publicada en Clío n. 183 del 2012 sostiene que: “Sucesivamente, varios pueblos fueron atacados y tomados por los restauradores. Por su inigualable valor estratégico, la Bahía de Samaná fue uno de los objetivos más preciados de los ataques de los dominicanos. El 17 de septiembre unos tres mil hombres se concentraron en el río Yuna, con el fin de tomar la bahía. Al enterarse de los planes, el comandante de Samaná ordenó el bloqueo de la desembocadura del río Yuna en la bahía, abortando así cualquier posibilidad de ataque. Mas los restauradores no cejaron en su intento, y en repetidas ocasiones perpetraron varios ataques, pero siempre fueron repelidos, ya que a Samaná se le designó como el centro de las operaciones navales de la guerra, lo que causó que siempre estuviera fuertemente armada y custodiada” (Cordero Carrillo, 2012, 213).
La lucha de los dominicanos no cedió ante algunos fracasos, sino que las luchas se extendieron por todo el país, logrando que: “El 3 de marzo de 1865 Isabel II firmó el decreto que derogó la reincorporación dominicana a la Monarquía Española, y en julio de 1865, el alicaído y derrotado Ejército Español comenzó el abandono efectivo de Santo Domingo, Monte Cristi, Samaná y Puerto Plata rumbo a la Península, Cuba o Puerto Rico” (Cordero Carrillo, 2012, 225).
Los aportes de Gregorio Riva
En las Notículas de la Revista Clío número 8 de 1934 se hace referencia al cambio de nombre de Almacén del Yuna por el de Villa Riva, tomando el apellido del empresario cibaeño que se dedicó al desarrollo del Cibao. También, resalta los últimos días de la esposa del prócer cibaeño. Hace mención del nombre de Santa Paula que se le dio a Santa Capuza poblado cerca de las Garitas después de las terrenas. “VILLA RIVA y SANTA PAULA. Hoi, 12 de abril, hace cuarenticuatro año.; que, en: honra de D. Gregorio Riva, al poblado del Almacena del Yuna se le puso el nombre de Villa Riva. En esos mismos días se le dio a Santa Capuza el nombre de Santa Paula en honra de la esposa del prócer cibaeño. La última -mejor emplazada y con mejor puerto en 1a gran bahía que Las Cañitas iba a ser el punto de partida .de la línea férrea tendida desde ahí hasta! Moca y hasta La Vega. Fue un error topográfico y económico haberlo sustituido por otro. Las Cañitas, desde entonces, obtuvo el nombre de Villa Sánchez.
Don Gregorio Riva -no Rivas como generalmente se escribe- fue un promotor de obras de progreso. El ferrocarril en referencia vino a ser un sustituto -cuando debía ser una Línea paralela- de la vía fluvial del Yuna canalizado, según una de sus iniciativas. Su noble compañera dona Paula Álvarez de Riva- le sobrevivió muchos años y al ahora acaba de morir, en su residencia de la Vega, cuando solo le faltaban tres para ser centenaria” . . . (Clío, 1934,63).
San Antonio del Yuna, el Almacén del Yuna o Villa Riva como se le denomina en la actualidad, no puede entenderse sin los aportes de Gregorio Riva, quien jugó un papel fundamental en el desarrollo económico de este pueblo, al convertirlo en un lugar céntrico por la influencia del ferrocarril. De acuerdo con Sergio Riva, hijo de Gregorio Riva en el artículo: “Gregorio Riva. Apuntes para su Biografía”, publicado en la Revista Clío, número 110 de 1957, la genealogía de la familia de Gregorio Riva se presenta en la cita a continuación: “Nació en la Villa de Moca, el 24 de diciembre del año 1833, y falleció en La Vega, el 19 Dicbre. 1889. Allí reposan sus restos en una de las naves laterales de la Iglesia Mayor. Hijo legítimo de Ramón Valentín Riva y María Ramona Guzmán, nativo de la Línea Noroeste, paraje de El Pino el primero, y de Estancia Nueva, campo de Moca, la segunda.
Cuando ocurrió el terremoto del año 1842, que destruyó a Santiago, pereció entre los escombros de su casa Ramón Valentín, accidentalmente allí, dejando tres hijos que había procreado con María Ramona Guzmán: Amalia, Gregorio y Telésforo.
La Viuda, dos ó tres años después, casó con Basilio Fondeur, de origen francés, hijo de Achille Fondeur y Margarita Foben, de Bordeaux (Francia). De este segundo matrimonio procrearon: Julio, Sinforosa Clementina, Emilia, Virginia y Guadalupe, que luego casaron, respectivamente, con Juliana Guzmán, Joaquín Ortega, Ventura Grullón, Eco. Gwmán, Jovino Álvarez y Ventura Álvarez. Los tres primeros hijos casaron a su mayor edad, con Paula Álvarez, Gregorio, Amalia con Eulogio Vázquez y Telesforo con Calixta Salazar Vda. Rosario. El Gregorio de Jesús, cuando niño, fue enviado a hacer sus Estudios Superiores a una Universidad de Pto. Rico muy celebre, allá por los años 1846, y fue condiscípulos de Emeterio Betances, Ulpiano Cordwa y Tomas y Antonio Cocco” … (Rivas, 1957, p.4).
Dedicado a comercializar el guano a Estados Unidos; así como al cultivo de coco en las cercanías del río Barracote, cuyo afluente entra en conexión con el río Yuna. En tal sentido, sostiene Sergio Riva: “Logrando la concesión de arrendamiento se dedicó Dn Gregorio a la Explotación del Guano que lo había en abundancia en las Cavernas, exportándolo a los Estados Unidos, empresa que prosperó, entre los años 1880 y 1884, haciendo también una siembra de trece mil plantas de Coco en las playas de Barracote, muy extensas (Se la calculaba 3 millas línea recta al fondo de la bahía” (Rivas, 1954,168).
Gregorio Billini en su artículo navegación de los ríos Yuna y Camú, publicado en Ecos de la Opinión se refiere a los estudios de Riva sobre el trayecto del ferrocarril. Destaca, además, que “Angelina está a 6 ½ leguas española de la Vega, 8 de moca y 3 de Macorís y Cotuí y que está cerca de la confluencia de los ríos Yuna y Camú” (Billini, 2009, 66).
Francisco Gregorio Billini plantea que Gregorio Riva se enfocó en promover el desarrollo de la Vega Macorís y Moca. Destaca que la propuesta de Riva puede ser ventajosa para otras provincias de la República Dominicana. Se refiere a la Ley de inmigración para traer canarios al país y plantea la necesidad de que Samaná se beneficie de los vapores españoles que se mueven entre Cuba y Saint Tomas.
Antes de dedicarse a la empresa ferroviaria, Riva era un empresario exitoso. Se dedicó a la comercialización del tabaco, logrando comercio con Puerto Plata y Moca, siendo un actor importante en la canalización del río Yuna. De acuerdo con su hijo: “Se dedicó a la compra de Tabaco, estableció o se relacionó con Mr. Jhon Kuck, de Hamburgo, y hacia sus operaciones comerciales por vía Puerto Plata, Único Puerto habilitado más cercano a Moca, pero como resultaba muy distante y muy difícil el trayecto por veredas y caminos de monterías y muy costoso el transporte; por el Rio Yuna, ideó que si lograba hacer habilitar el Puerto de Samaná y canalizar el Rio, le resultaba más rápido, seguro y menas costosa la transportación de sus Importaciones y Exportaciones. Para este fin se trasladó a Sto. Domingo, y, mediante fuerte suma de dinero, logró cristalizar su idea, allá por los años 1865 al 66, logrando una Concesión del Congreso de Monopolio de Tráfico por el Rio Yuna, por Noventa años, obligándose a Canalizar el río, lo que 1ogró después de meses de lucha personal como director de la canalización y gastando buen dinero, pero logrando conectar al Cibao con la Bahia de Samaná. Hizo construir varias canoas de corpulentos Javillos y Ceybas que se encontraban a las orillas del Río y en las costas de la Bahia, para la navegación” (Riva, 1954, 167).
El negocio del guano fue exitoso para Riva, pero el impacto de ferrocarril le lleva a abandonar su negocio originar y dedicar su fortuna a la construcción del ferrocarril, actividad a la que se dedica hasta su muerte. “Entregado en cuerpo y alma De Gregorio a impulsar, organizar y controlar y dirigir los trabajos del F. C. de S &, S. abandonó su comercio y su mina de Guano que estaban prósperos, enamorado de ese jalón de progreso que se iniciaba y que redundaría en beneficio positivo para el Cibao, aceptó gustoso el sacrificio del Patrimonio de su familia, abandonando sus negocios, en beneficio del progreso de su País. Siempre decía y lo repetía con orgullo, que él. vida para la Patria” (Riva, 1957, 170).
Gregorio Riva fue una figura importante del comercio dominicano involucrándose, además, en la política. Formó parte junto a un grupo selecto de intelectuales, del gabinete del gobierno de Espaillat como parte de los comisionados de agricultura. Desde esta posición realizó aportes significativos al país. Al respecto dice el historiador Roberto Cassá: “Como ya hemos señalado, Espaillat conformó un gabinete que no ha tenido parangón en toda la historia dominicana, con figuras de la talla de Mariano A. Cestero, José Gabriel García, Manuel de Jesús Galván, Gregorio Luperón y Manuel de Jesús de Peña y Reynoso. Los comisionados de agricultura se contaban también entre lo más selecto, pues además de Bonó figuraban Emiliano Tejera, Máximo Grullón, José María Cabral y Gregorio Rivas. Sin embargo, ese gobierno no pudo hacer prácticamente nada, porque desde el primer día fue asediado por los caudillos, quienes lo derribaron nueve meses después” (Cassá, 2010,36).
De acuerdo con Ángela Peña en el artículo publicado en el Periódico Hoy, bajo el título “¡Señores he Aquí el Ferrocarril!” –frase pronunciada por Rivas cuando lo inaugura. A pesar de sus aportes al comercio y a la agricultura en la sociedad cibaeña, murió en la miseria, posiblemente por las artimañas de Lilís para destruirlo económicamente. En el citado artículo aparece una conversación que sostuvo con su hijo Sergio Rivas en la que plantea lo siguiente: “Poseyó riquezas materiales e intelectuales que compartió, pero murió en la pobreza. Al despedirse de este mundo llamó a Sergio, su primogénito, a quien dijo con voz agonizante: “Mi hijo, muero en la miseria, solo dejo como patrimonio el apellido. Consérvalo. Lilís “usó todo el poder que tenía para destruir a don Gregorio y finalmente lo logró, empecinándose en ello aun después de la muerte de don Gregorio, consigna su biznieto Leopoldo Franco Barrera” (Ángela Peña. 2012, 1).
El final de Gregorio Riva no fue halagüeño, porque terminó sus días destruido económicamente por la influencia de Lilis. En el escrito de su hijo Sergio relata que en el lecho de muerte le llama y le dice que la única fortuna que le deja es el apellido y debe conservarlo. “Tan rudo golpe – lo decepciono de tal manera- que murió dos años después el 19 Dicbre del año 1889- de una afección del corazón y paralitico y arruinado. La víspera de su muerte, llamó a su hijo primogénito recién llegado de Colegio que este relato hace aquí, y le dijo: mi hijo, muero en la miseria, solo dejo como patrimonio el Apellido; ¡consérvalo! Y que poco ha valido ese apellido d sus hijos” (Riva, 1954, 171).
Gregorio Riva según lo descrito por su hijo Sergio Riva murió en la pobreza y abandonado en condiciones de salud deplorable. Con su muerte se cierra un capítulo de la historia dominicana y del municipio de Villa Riva (lugar importante para el empresario cibaeño por las inversiones realizadas.
Legislaciones sobre su evolución de Villa Riva como municipio en el siglo XX











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